Cuando a Valle-Inclán le reprochaban que en las acotaciones para la representación de sus obras pedía cosas imposibles -una bruja volando en una escoba-, él respondía que ese era un problema de dirección y de tramoyistas, no suyo. Él representaba la realidad y las brujas viajan montadas en su escoba.
Valle-Inclán no ha ido a Bruselas en escoba de bruja ni a la velocidad del AVE. Sí lo han hecho dos estridentes esperpentos de la política española, el señor Buixadé y la señora Dolors Montserrat. Han llevado allí el graznido agorero de que Teresa Ribera, candidata a un vicepresidencia en el gobierno europeo, es una incapaz, una socialista y primera responsable de la catástrofe de Valencia (sic). Así lo sentenció doña Dolors Monserrat. ¿Dónde tendrá el cerebro esta señora?
Había escrito que la estrategia no es nueva, pero borré la frase por respeto a las palabras. La estrategia presupone inteligencia para la planificación y táctica para la ejecución. Buixadé y Montserrat hicieron alarde de zafiedad, mentira y aspaviento. Hay antecedentes de este patriotismo de navaja cachicuerna. Pablo Casado -¿recuerdan?- advirtió en este mismo Parlamento europeo de que enviar fondos a España para paliar la COVID era poner el dinero en manos del felón Pedro Sánchez para que lo malgastara en chiringuitos ideológicos. Pero la vida política de Casado, como ya saben, no acabó por ese ignominioso viaje. Terminó en otro más corto. El que separa la sede de Génova de la emisora de la COPE en Madrid. Allí fue Casado a alertar al prócer de la verdad, Carlos Herrera, no de la crueldad de las muertes por abandono en las residencias de Madrid, no. Él fue a alertar al prócer radiofónico de algunos asuntillos turbios en el entorno de la presidenta madrileña. Mientras, Cuca Gamarra elegía la ventana por donde habría de despeñarse su, hasta entonces, idolatrado líder. ¿Alguien recuerda alguna palabra de consuelo o gratitud de la diputada hacia él? Yo no.
El esperpento hispánico en Bruselas de Buixadé y Monserrat ocurrió sólo unas horas después de que el transfigurado Borja Semper afirmara que el PP no podía votar a favor de la candidata Teresa Ribera por su trayectoria llena de errores como ministra. Pero, tuve la tentación de escribir la conjunción con mayúsculas, era necesario, dijo, bajar el tono del lenguaje de la política en nuestro Parlamento y en el de Europa. Dicho y hecho. Semper fue un político respetado. ¿Lo sigue siendo? Parece que entre los suyos no.
En mis semanas de jubilado, los miércoles eran un día entre otros días. Desde que hace años, el defenestrado Casado y su fiel escudero Javier de Egea, y Cuca Gamarra, sí, la misma, pervirtieron la retórica parlamentaria en insulto de taberna y gritos de gañán, yo apago la radio y bajo a tomar café con los amigos.
Tomás Hernández







