A pie de foto / Algunas reflexiones sobre el nuevo Mercado Municipal

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Interior antiguo mercado de la plaza de La Victoria
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El Mercado Municipal es, por el momento, un solar que espera autor. Según noticias tres decenas de proyecto se ha presentado al concurso convocado por el Ayuntamiento y un equipo de expertos serán los encargados de decidir cual de todos ellos llena ese vacío, el hueco, aquel que dibuje de arquitectura el espacio urbanístico.
Desde la arquitectura localista a la aerodinámica todas son candidatas al futuro que llenará de lineas y curvas el edificio y que, además, debe cumplir una función temporal a largo plazo atenta a su estética. Y mucho más en estos tiempos donde los mercados remozados de las ciudades se han convertido en espacio multifuncionales de ofertas varias a fin de ser un elemento más de atracción comercial y turística. Dos factores que a mi corto entender convierten en galimatias disfuncionales, en ocasiones, esos edificios al mezclar confundiendo el espacio del abasto con el de ocio y amalgamando imposible interiorismo futurista con atrezzo de abacería decimonónica con trazas de penosas recreaciones vintages. ¡Cuántos horrores se han cometido en su nombre!

Si seguimos el precepto estético de menos es más, tan denostado en nuestra reciente historia de los disparates cometidos en la reciente arquitectura civil más dado al ornato inútil y espacios muertos, un nuevo mercado, aparte su evidente funcionalidad comercial, debería estimular el espíritu de ágora mediterráneo como espacio iluminado y ventilado. Como ejemplo, el destruido allá por los ochenta, cercano a la sexitana y céntrica plaza de la Victoria y que fue sustituido por el actualmente derribado. Aquel espacio, si bien de reducida capacidad, revelaba un alzado de dos plantas, donde se situaban los puestos de venta, alrededor de un patio central porticado por la propia construcción y que daba luz y ventilaba el interior del recinto. Un ejemplo de historicismo mediterráneo en su construcción y cuya fuente central recordaba el impluvium de las construcciones romanas y que si bien no cumplía con las necesidades de crecimiento de la población, sobre todo de cara a la época estival, su diseño no debía de haber sido desechado en la construcción del nuevo, éste derribado a sus cuarenta años de ejecución, se limitaba a cumplir al pie de la letra una arquitectura funcional en planta rectangular y con poco juego de espacios en su ejecución interior con trazado de meras calles que se cruzaban y que se iniciaba en un hall de entrada que también daban acceso a nunas dependencias superiores reservadas a espacios de almacenajes, dependencias municipales y terrazas sin función alguna a las meras de estructura espacial o al menos fuera de nulo uso.

Otro de los fenómenos, terrores, que suele acompañar a este tipo de construcción pública son los propios a la megalomanía de quien en su mano está ejecutarlo. La obra pública se antoja como la medalla que el procer se pone en su mandato y cuanto más pan y circo y ornato al emperador más rédito político se suma a la gestión. La geografía hispana está más que sobresaliente en suspensos de este tipo que ha sacado el concepto faraónica del Valle de los Muertos para ponerlo de actualidad en cualquier villorio más necesitado de otras infraestructuras. El egocentrismo, una manera como otra cualquiera de poner cobija a la ignorancia, es virus fatal para este tipo de construcciones y virus letal para arcas municipales sin cueva de Alí Babá que las proteja, a no ser que cueva y personaje de las Mil y una Noches sea el licenciatario de tanto oropel.

A este proceder, se suma el mal gusto y una falta total de perspectivas en cuanto a la importancia de la obra, su caducidad y sobre todo el entorno donde se acomete el proyecto. En este sentido, anima saber que el área de Urbanismo del Ayuntamiento de Almuñécar haya anunciado que los proyectos presentados al concurso del nuevo mercado contará con un comité de expertos que valoraran los trabajos y decidirán el más idóneo, tanto en valores estéticos, funcionales y medioambientales. Es de recibo, que son muchos los factores que confluyen en una obra como la anunciada y no lo es menos el tratamiento que reciba el entorno construido tanto en zonas vegetales como espacios adyacentes y por tanto es loable que distintos puntos de vista y un buen número de disciplinas quienes valoren el conjunto.

Para finalizar, quiero anotar una frase que lei hace un tiempo de Hans Magnus Enzensberger y que en un leguanje coloquial, castizo y refranero podría ser ese que dice «Manolete si no sabes torear pa que te metes»: «El germanista que no lee libros haría bien en dedicarse a camarero; el auxiliar de contabilidad que no se sabe la tabla de multiplicar haría bien en apuntarse a curso de tricotar o en una academia de conducción; y todavía me parece un enigma por qué la historiadora del arte que sitúa a Goya en el Renacimiento no se dedica a la cría de cerdos».

Sinceramente creo que esto no sucederá y tendremos en breve un mercado digno y que cree un espacio emblemático en el urbanismo de la localidad realizado con coherencia.

Javier Celorrio