A pie de foto / Casado y el gourmand

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Entre el sí y el no hay un término medio que, espacio intermedio, puede ser el diálogo. En el caso de Casado ayer y por razones obviamente políticas tenía que haber mediado la abstención. Personalmente yo habría dado el no, pero no soy Casado ni tengo intención de liderar el centro derecha. El presidente de los PoPulares, pese a ser inteligente, olvidó el arte de la política, dudoso arte a veces por sus propias estrategias, pero único que se conozca en el ejercicio de la regulación de las sociedades que conforman Estado. Pese a un buen discurso, pareció el pepero en ocasiones un despechado de reality mas que el representante de la segunda fuerza política de España con vocación de mando; recuerden la alusión, ese usted ha comido del partido durante quince años o cierta mención a la traición de las ideas. Ambas cosas cuestionadas que en si mismas son de orden relativo, pero de indudable efecto dramático en el ánimo del despechado y que adolece de elegancia.

Que Abascal y los suyos demostraban una urgencia inusitada de protagonismo, se puso de manifiesto desde el anuncio de esta moción de censura: Vox necesita altavoces, púlpitos, tribunas donde exponer su discurso, que indudablemente pasa por ser protagonistas únicos de la derecha extrema y Podemos de la izquierda también extrema, o eso dicen. Ambos, a no ser de manera vicaria en el caso de Podemos, conseguirán jamás ser protagonistas en el escenario del Estado, aunque tengamos muy en cuenta que a veces sin un actor de reparto la obra no tendría sentido, para eso están los monólogos que en política se llama autocracia.

A Casado le faltó estrategia, una cosa es no aceptar el envite de Abascal y otra machacar a quien te está salvando los muebles en otros salones, porque aparte de despechado, y volviendo a los realitys, puedes parecer ligerillo de cascos y de intenciones taimadas cuanto menos. Hay que reconocer que Vox se ha metido en el berenjenal él solito, pero también hay que recordar que para el PP acorralarlo no es precisamente el camino idóneo cuando se podía haber esgrimido distintas y razonables argumentos para la abstención o la negativa y no al ataque personal al que asistimos. El maltrato muchas veces se permite por el miedo natural de la víctima y qué ocurre cuando esta se rebela, pues que acaba el maltratador. En este sentido mucho se está repitiendo por Abascal que la situación no cambiará en las CC.AA, donde gobierna el PP con su apoyo, pero ¿no es una manera de recordar aquello del perro que muerde la mano?

Desde el PP se considera un éxito la negativa a la moción y cierto engreimiento ante la prensa, no precisamente la suya, que ha titulado de excelente la intervención de Casado y hasta algunos pronostican su futuro en la orla de los próximos presidentes de España. Muchos tanta aquiescencia y beneplácito la han relacionado con el dicho de «Dios nos guarde del día de las alabanzas».

Lo cierto, es que el PP sigue con la espina clavada de la división provocada en su electorado por Vox y por tanto no quiere saber nada de ese hijo que casi está escindiendo a la casa madre. Un poco más allá, a la izquierda de esta derecha se frotan las manos de ver que «aquí paso lo de siempre. Han muerto cuatro romanos y cinco cartagineses», dixit Lorca.

Por cierto, para políticos en ciernes les recomiendo La República de Platón, La Política de Aristóteles, El Príncipe de Maquiavelo y Política para Amador de Savater. Y si quieren estar al día algún texto de Slavoj Zizek.