A pie de foto / Si una mañana de verano…

lavistaantigua1200
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Debe ser verano y algo antes del mediodía por la posición y altura del sol que la foto desvela. Es una vista de los años treinta, tal que reza la anotación que lleva el cartoncillo sepia y manchado de tiempo en su reverso: Almuñécar, años treinta… Hay algún dato más que es ilegible y a lo mejor el fotógrafo quiso indicar, acaso intuyendo lucidamente que para los espectadores del futuro sería difícil reconocer el lugar donde se había tomado la imagen, desde que edificio está sacada la misma. Entonces, en las fotos, se anotaba al menos la fecha y los nombres de quienes aparecían en ella. En ésta choca que el autor anónimo quisiera incluir el lugar exacto desde donde está realizada la instantánea, pero ya digo que aparece ininteligible.

 

Hace poco, leía en el reportaje sobre la obra de un fotógrafo que este decía que cada imagen era una historia y que no podía mirarse sin que el espectador no se sintiera preso y extasiado en esa emoción del descubrimiento. Sin esa premisa, añadía, la foto no es buena.

 

Esta imagen, anónima de autor, siempre que la descubro entre el montón de fotos antiguas, que guardo en un cajón, me inquieta en su argumento, que siendo simple como lo es la vista de una ventana abierta y se ve dos barcas de pescadores a la orilla del mar, sin embargo se hace extraño el halo de oscuridad de la habitación y el primer plano del velador de mármol vacío. Se puede objetar que tal claroscuro entra dentro del hecho técnico a la obtención de una imagen. No obstante, pareciera que, quien ha hecho la foto, se estuviera despidiendo para siempre de ese paisaje luminiscente e intenta que la imagen sirva en el futuro y la distancia de recordatorio nostálgico de algunos días felices en el Mediterráneo; a partir de ahí, la luz quedará enmarcada por la oscuridad y en la mesa jamás se posará un libro, un jarrón o una licorera y su respectiva copa: solo será el paisaje del sol brillando sobre el mar y las barcas lo que simbolizará para el autor la exclusiva e intima posesión de ese momento ensimismado de esplendor o avanzando la melancolía de los días felices.

 

También, imagino la maleta de cuero lustrado cerrada sobre la cama de esa habitación y como nuestro fotógrafo, tras tomar la imagen, visualizará por última vez, una vez cerrada  las persianas venecianas, su figura reflejada en el espejo oscuro asiendo la maleta y dispuesto a salir para siempre del escenario. Tampoco se repetirán los días felices que vivió entonces; pero está esa imagen que es lujoso deslumbramiento desde la umbría de la habitación.

 

Al igual, que a nuestro fotógrafo ocasional, nos fascina las circunstancias de tanta felicidad que luego será nostalgia; pues como a él, pero noventa años después, la imagen devuelve la vitalidad de una mañana feliz de verano que en alguna ocasión hemos vivido y que por escapar a la cotidianidad son extraordinarias.

 

Claro está, que es mi interpretación, pero no cabe duda que pudiera suscitar otras e incluso tantas como espectadores.

 

(El título hace referencia a una obra de Lauree Lee que se titula “Si una mañana de verano…” )

J Celorrio