A pie de página / La precariedad de las estatuas

 
Nos creemos de mármol y definitivos y somos leves y caducos como el pétalo de una flor. La única certeza es que en la realidad ninguna forma es semejante a otra; se puede parecer pero nunca es igual. La singularidad da variedad y constituye la sorpresa y sin embargo hemos inventado el aburrimiento para justificar nuestras ineptitud de búsqueda y la rutina de lo constante para quitarnos el terror que nos provoca la fragilidad que niega toda persistencia. Las decadencias inventa el spleen que se diluye en copón de oro con la sangre de la redención.
La inmutabilidad , esa serialidad mecánica de objeto pop la está haciendo trizas la pandemia desnudando nuestro tiempo de la coraza de hierro de la sociedad del bienestar para descubrir los harapos de la momia con sus peligrosas corrientes subterráneas. El mundo de ayer, el de finales del siglo XIX lo destruyó la primera guerra del XX que también tuvo sus revoluciones y pandemia, el de la información lo va a destruir la ignorancia y la incapacidad de entender al contrario que se ha hecho sonante con la globalización y la necesidad de más monises del insaciable capital.
Seremos una página en la historia, ahora somos, ya digo, el mármol cincelado que estuvo en bruto en la cantera pero que dentro de siglos será descubierto por los hijos de los mismos bárbaros del norte que lo decapitaron. Fabricio del Dongo pasó por Waterloo sin saber que era el final del Imperio y yo pasé por la Cartuja de Parma como un adolescente de mármol creyendo perenne la belleza de unas estatuas que hoy son polvo. Ni Fabricio vio a Napoleón, pese a estar tan cerca de él, ni servidor reconoció el amor aquella única vez que lo tuve cerca. Luego, ya es demasiado tarde para todo en el muro de las lamentaciones.
No obstante, con el tiempo en sordina y el recuerdo de una piel cuyo aroma trasmina a limón en el pick-up desvencijado, y con el vinilo picado de una noche de verano de viejo color, suena Luis Eduardo:
Reivindico el espejismo
De intentar ser uno mismo
Ese viaje hacia la nada
Que consiste en la certeza
De encontrar en tu mirada
La belleza
La belleza
La belleza, la belleza
La belleza
 
Y ese es el mármol definitivo.
J Celorrio
 


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