A pie de página / Por qué le llaman campaña electoral cuando quiere decir casting

 

El proceso de una campaña electoral cada vez se va pareciendo más al casting que convoca una productora para elegir los actores que intervendrán en una producción donde los participantes tendrán que preparar su examen a fin al personaje para el que son convocados, y de no saber cual será éste al menos ir preparados a las peculiaridades o estética de quien dirigirá el proyecto. El éxito o fracaso del examen depende de factores varios, pero es esencial que el hecho actoral convenza al departamento de elección para que el examinado pueda colocarse en la pole position de salida. Eso no exime que entre algunos actores no haya tretas ni peleas de gatos para conseguir el papel tan encarnizadas o perversas como aquellas del star system en el legendario Hollywood, pero sin el componente glamuroso. Eso en cuanto a los secundarios, pues que el protagonista no necesita selección alguna puesto que el mismo se proclama bajo el lema caudillista de yo o el desastre.

El caso es que cuando nuestros políticos entran en campaña Bodas de sangre va de rincón en rincón de la geografía patria y Lola Puñales a la par que pregona su programa señala con la faca albaceteña al contrincante, pues que para ganar en taquilla la afluencia de los ciudadanos no duelen prendas proferir cualquier vileza, perpetrar subterfugios varios y utilizar abundante maquillaje a fin de hacer colar la promesa más ladina empaquetada con la descalificación más abyecta al contrincante. Y si esto en el Hollywood antiguo entraba dentro del espectáculo para las revistas del género, en 2023 es el condumio informativo destinado a las llamadas redes donde la falsa moneda corre y la lengua de doble filo proclama su naturaleza aviesa sin Biblia que pueda fiscalizar su palabra bajo juramento. Y si sobre el Testamento se perjura imaginen en un perfil de internet donde un simple click borra el comentario o con el mayor desparpajo quien la profiere se señala como víctima de una noticia fake, pero ya ha prendido la mecha del aquello de difama que algo queda o el dicho del nazi Goebbels de “una mentira repetida se convierte en verdad”.

También, otro factor a tener en cuenta es el dato sorpresa convertido en aliciente principal de las labores de cualquier promoción con el objetivo del triunfo final de la supermegaproducción. Y en este momento, la convocatoria de elecciones para el verano, marca todas las cualidades y calidades de ese efecto, dejando al electorado primero asombrado, luego pasmado y, una vez resuelto el duelo, indeciso como un Hamlet urbano preguntándose si votar o no votar o irse de vacaciones o no tumbarse en la arena, y a expensas de confiar en la bondad de los desconocidos, como la Blanche de “Un tranvía llamado Deseo”, fiando su voto a Correos.

Desde El Quijote sabemos que el pueblo trabaja y los políticos enredan. También que la democracia es un valor a la baja por demasiadas componendas en su nombre, pero como se ha repetido, hasta el momento es el único sistema político donde los humanos tenemos derechos y opiniones, pero cuidado con las ideologías que pueden retorcer hasta ajironar el tapiz de las libertades. Y en esta sociedad adormecida, abducida por la imagen, la escritura anémica de las redes sociales y la empatía y solidaridad convertida en evangelio para gabinete de buenas intenciones es fácil a las herramientas del marketing realizar su fontanería para conseguir su propósito más inconfesable que es convencerla de que cualquier movimiento de protesta conduce a lo pavoroso, al apocalipsis, al final de los tiempos, como si ya no viviésemos en el umbral distópico. Es de esta manera que aceptemos el capricho de un individuo de marcar el proceso de elecciones en pleno verano complicando la vida ciudadana y esto sin razón ni explicación que no sea la de enredar más si cabe el moño de una loca.

Dicho esto, nos espera un cine de verano con mucho efectos especiales y truculencias varias en tramas llenas de malos o buenos, según el vaso de cada cual, pero nunca un alma neutral con dudas y certezas. Ocurre que sabemos el final de la trama. Y nos preguntamos para qué lo llaman elecciones cuando quiere decir casting. A nosotros, el publico, se nos necesita para ir a taquilla y esta vez pasando la gota gorda “de la caló”. ¡Ozú, qué nos pille reflexionados! Eso sí, siempre genuflexos.

 

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