Abril lluvioso

Luz imprecisa, neonata, tímida, como el personaje que entra por primera vez a un salón intimidante en su brillo, en su leyenda de grandeza y en el que con el tiempo será centro indiscutible. Así es la luz de abril, apocada en su aparición, aunque con entre telas de angel anunciador de la venida de Apolo Invictus que prepara la definitiva explosión que germinará la tierra haciéndo crecer el grano, el color, el otorgado don de la belleza cuando todavía no tiene memoria de que será efimera, pues «lo bello todo se consume en manos del azar o de los días» como senteciaba Shakespeare en uno de sus sonetos.


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