Almuñécar: cuando la historia entra en el aula

Hay ciudades que conservan monumentos. Hay otras que conservan memoria. Y luego está Almuñécar, una de esas raras localidades donde cada calle, cada piedra y cada excavación arqueológica siguen narrando capítulos fundamentales de la historia del Mediterráneo.

La antigua Sexi fenicia y romana posee uno de los conjuntos patrimoniales más importantes de Andalucía oriental. Sin embargo, el verdadero desafío no consiste únicamente en conservar sus restos arqueológicos, sino en conseguir que las nuevas generaciones los comprendan, los valoren y los sientan como parte de su propia identidad.

En ese contexto, el programa municipal de educación patrimonial Un Mar de Historias se ha convertido en mucho más que una actividad complementaria para escolares. Se trata de una apuesta por conectar el pasado con el futuro, transformando el patrimonio histórico en una herramienta educativa viva.

Los datos hablan por sí solos. Cerca de 5.700 escolares han participado desde 2021 en las diferentes propuestas impulsadas por la Concejalía de Cultura y Educación junto al Gabinete Municipal de Arqueología. Una cifra que demuestra que existe interés por conocer el legado histórico de Almuñécar cuando éste se presenta de manera cercana, participativa y adaptada a cada edad.

La factoría de salazones de El Majuelo, el Museo Arqueológico Cueva de Siete Palacios, los acueductos romanos o las termas de La Carrera dejan de ser simples referencias en un libro de texto para convertirse en escenarios reales donde los alumnos pueden comprender cómo vivían quienes habitaron estas tierras hace más de dos mil años.

Pero el verdadero valor de iniciativas como Yo Claudia, Romanos por un día, Cuatro Piedras o Investigando se llega a Sexi no radica únicamente en la divulgación histórica. Su importancia reside en que permiten construir ciudadanía. Porque difícilmente se protege aquello que no se conoce, y difícilmente se ama aquello que nunca se ha aprendido a valorar.

La educación patrimonial constituye hoy una de las herramientas más eficaces para generar conciencia sobre la necesidad de conservar nuestro legado cultural. Los docentes desempeñan en este proceso un papel fundamental. Son ellos quienes pueden convertir el patrimonio local en un recurso didáctico permanente, vinculándolo a materias tan diversas como la historia, la geografía, la literatura, el arte o incluso las ciencias sociales.

La excelente acogida del programa entre centros educativos de toda la provincia y la participación de estudiantes internacionales procedentes de Finlandia e Isla Reunión a través de intercambios Erasmus demuestran además que el patrimonio sexitano trasciende el ámbito local. La historia de Almuñécar posee una dimensión universal que despierta interés más allá de nuestras fronteras.

Por ello, el reto para los próximos años no debería limitarse a mantener este programa, sino a reforzarlo y ampliarlo. La colaboración entre arqueólogos, instituciones educativas y profesorado puede convertir a Almuñécar en un referente andaluz de educación patrimonial, aprovechando un recurso excepcional que pocas ciudades poseen: la posibilidad de enseñar historia caminando por ella.

Porque el patrimonio no es únicamente un conjunto de restos arqueológicos protegidos por una normativa. Es una herencia colectiva que explica quiénes fuimos, quiénes somos y quiénes podemos llegar a ser.

Y en una ciudad como Almuñécar, donde los fenicios fundaron puertos, los romanos levantaron acueductos y las civilizaciones dejaron huellas visibles en cada rincón, enseñar historia no debería ser una actividad extraordinaria. Debería formar parte esencial de la educación de cada generación.

Solo así las piedras dejarán de ser ruinas para convertirse en memoria. Y la memoria, en futuro.

 

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