¿America first? / Juan Bolívar

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Supongo que muchos de ustedes estarán expectantes, cuando no bochornosamente asombrados, ante el espectáculo que estamos viviendo tras las elecciones en la llamada primera democracia del mundo, aunque el prestigioso rotativo The Economist , en 2016, ya la rebajó a “democracia débil”, por algo sería. De hecho en estos cuatro años de ¿gobierno? en EEUU se ha perdido bastante de Estado de derecho, del sentido de la decencia, de la confianza y fe en la gobernanza (como se dice ahora). El partido que sustenta a este peculiar presidente se considera conservador pero su actuación ha sido de lo más radical y radicalizadora que se ha conocido en ese país. Recordarán a Ronald Reagan, aquel actor que consiguió ser también el mayor mandatario de ese país, cuyo lema era que el gobierno debía ser eficiente pero nada entrometido, casi invisible. Sin embargo este ejecutivo trumpiano ha sido de los que más se ha interferido en las vidas de los ciudadanos americanos e incluso en las nuestras, recuerden por ejemplo los aranceles a productos españoles.

En USA no se muestran interpretaciones diferentes sino realidades distintas y esto ha llevado a que al final de su mandato el honor y la decencia que se le supone al representante máximo de un país ha saltado por los aires con ese autoritarismo que le impide aceptar la realidad y quiere adaptarla a sus intereses. En cualquier democracia que se precie ese comportamiento autoritario sería causa de despojarlo del poder, conviene recordar la historia cuando hace más de dos mil años un grupo de representantes del pueblo romano asesinaron a Julio César, según ellos, por sus ambiciones autocráticas. En esta época no se usan esos modos pero tenemos las urnas para desalojar del poder a personajes como éste.

Convendrán conmigo en considerar la labor del gobierno como algo noble y sagrado y que todas las tareas que lleve a cabo debe hacerlas con dignidad y sobriedad , por ello los líderes que elijamos no tienen que ser elitistas pero sí que deberían ser los más capacitados razonables , sensatos, honestos , decentes y competentes, aquellos que estén prestos a consensuar y no a imponer, que respeten a los expertos y no los utilicen o marginen , que solucionen problemas y no los creen. Sin traspasar nuestras fronteras quisiera que reflexionaran si los que nos representan cumplen estas premisas. En fin.