Calendario: Lejanos sanjuanes

Texto: Javier Celorrio 23-6-24 Hoy es la noche de la miasma y la catarsis; cuando la segunda pretende disipar a la primera, pero también prima noche que conducirá al oscuro invierno. Es el principio del fin que se celebra con jolgorios y danzas en honor de un fuego dispuesto a incinerar a purificar al ser que éramos ayer mismo y que hoy somos lejanía adherida de miasma destinada a alimentar la hoguera que nos convertirá en ceniza o nos ha convertido ya desde otras noches de San Juan. Ha tiempo que soy un yogur caducado, o mejor mojama, y por ello que en las noches del Bautista me alejo del barullo que siempre es cuajada fresca de rocíos varios. No obstante, en algún lugar de esas otras dimensiones que están por descubrirse mezclo noche memorable de cuando el salitre a nuestro paladar fue sabor de la carne ensalivada: noche corta de San Juan que el bautista una vez regó de besos sobre el agua del color plata y nocturno en intimidad, lejanía hoy, pero que fue rielo de luna sobre unos cuerpos encuerados entre el frenesí y el bolero como lo es el deseo violento y dulce de los primeros amores. Tras tantos sanjuanes, únicamente el gesto y la voz única, la imagen singular es esa noche de mediado los setenta. Ese San Juan quedó allí, ardió y consumió en su hoguera y que lo que pasó en el fuego se queda en el fuego. Estos días leyendo a Palahniuk me sorprendió una reflexión que hacía sobre la felicidad y donde venía a decir que ésta al contrario de la tragedia no deja cicatrices. Estoy en desacuerdo con él, ya que sí deja, claro que deja y es la cicatriz color nostalgia, un jabecón del momento aquel de dos cuerpos que hoy son lejanía y que como en el fuego, lo que pasó en aquella noche del Bautista se quedó en ella, en su luna y en la orilla y en los sabores mutuos y palatiales de aquellos que de cariñosos fueron antropófagos. Hoy San Juan viene de hogueras y serán otras orillas, otros cuerpos los caníbales. Pero yo seguiré sucediendo en aquella playa, hoy de lejanía, en esos cuerpos, cuyo  presente es acuarela diluida, y no obstante siguen ardiendo en cierta noche de entonces como un tartar sabrosón y fuerte. Ese fue, es y será el menú.

 

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