Si tuviera que definir mi cariño y admiración por la profesora Carmen Calero Palacios bastaría con decir que Carmen es la generosidad. Desde el café al que acaba de invitarnos esta mañana en el bar Cúpula de La herradura, hasta la lectura, antes de conocerla, de algunos de sus libros sobre la historia de este rincón de mar donde Carmen pasa los veranos desde hace muchísimos años. Es precisamente uno de sus libros el que nos ha reunido esta mañana en la fortaleza de La Herradura.
Un libro y un homenaje, pues el pueblo y el Ayuntamiento han colocado una placa de agradecimiento a la profesora Carmen Calero por haber sido la primera historiadora en estudiar el hundimiento de la mitad de la Armada de Felipe II en estas costas el 19 de octubre de 1562. La primera también que publicó el largo poema del soldado Fernando Moyano superviviente de la catástrofe. Fue mientras leía ese libro cuando aprecié y admiré por primera vez, y lo cuento a todo el mundo, la generosidad intelectual de Carmen Calero. En uno de los apéndices deja a disposición del lector o futuros estudiosos la transcripción de los documentos originales en los que ha basado su investigación. Un trabajo de archivos, bibliotecas y viajes, que luego sería su tesis de licenciatura. Al gesto de compartir y regalar su tiempo y sus fuentes poco hay que añadir.
El naufragio de La Herradura fue conocido por nombrarlo Cervantes en “El Quijote”. Ahí, decía esta mañana Carmen, tuvo ella la primera noticia. En el pueblo, la Asociación Amigos de La Herradura ha mantenido vivo el recuerdo, dejando todos los 19 de octubre una corona junto a la iglesia como homenaje a los náufragos. Gracias también ellos.
Bajo la sencillez de la profesora Calero Palacios se esconden muchos saberes. Ahora mismo acabo de leer, con pasmo, que ha impartido clases de Paleografía, Diplomática, Epigrafía, Codicología, Genealogía y Heráldica, Sigilografía. Sabíamos que colaboraba con distintas universidades en trabajos y proyectos sobre “Estudios de las mujeres y de género”, pero la enumeración de disciplinas de las que ha sido estudiosa asombra. Nunca, en estos años de amistad, ha hablado de tantas cosas como sabía. La modestia en estos tiempos de egotismo. ¡Cómo engrandece!
Recordaba su buen amigo Javier Sánchez Contreras el primer encuentro con ella. “Entró en el despacho”, cuenta. “Buenos días. Soy Carmen Calero. Necesito que me abra usted los archivos o me deje la llave”. Porque durante sus vacaciones la historiadora investigó y publicó el “Libro de Apeos” donde se anotaban los nuevos propietarios de las tierras después de la toma de la ciudad y se asignaban las lindes. Nos describió el vivir de cada día a través de las “Actas del Cabildo” (1552-1582). Nunca encontró noticia del paso de Cervantes por estas tierras, aunque no fue por falta de anhelo en la búsqueda. La profesora Calero Palacios ha participado en todos los Congresos y publicaciones colectivas sobre nuestro pasado y es un referente de la historia de Almuñécar-La Herradura.
Pero fue esta mañana, mientras preguntaba por algún amigo que aún no había llegado, cuando reía y saludaba, un poco agobiada por la lumbalgia, dice en voz baja, o celebraba un reencuentro con alguien a quien hacía tiempo que no veía y lo abrazaba, en esos gestos estaba lo mejor de su grandeza.
Tomás Hernández







