Desparece El Calabré, decano de los chiringuitos de Almuñécar

Calendario 13/11/24 Javier Celorrio Primeros se llamaron merendero, luego fueron chambao y ahora chiringuito. Por todos estos paraguas ha pasado El Calabré un pionero que muere en una mañana de alerta naranja en la castiza sexitana playa de San Cristóbal. Se va como se fueron los inolvidables Pepe y Antonio, hijos del primer Calabré, y con ello se aleja un paisaje de recuerdos y momentos.

No es momento de pasar por los recuerdos. Pues que ahora mismo vienen como un tornado girando sobre el ojo del mismo que soy yo en esa calma, como dicen que está el interior de los tornados pero con un ingente y ruidoso material girando alrededor en frenética velocidad y que para mi son imágenes. Algo así como, dicen también, cuando antes de morir desfila toda tu vida por la cabeza. Penoso y gozoso debe ser eso.

Probablemente la modernidad ocupará su lugar, pero siempre que paseemos la orilla del mar nos vendrá la añoranza de este Calabré despojado ya de estructura, de esqueleto, enajenado y distópico y que entra en la leyenda para convertirse en ráfagas de imágenes con sus presencias y encuentros, comidas y copas. Y acaso, sin tés ni madalenas proustianas, en el grano de sal de una sardina espetada nos vengan todos esos sabores, olores, besos robados y gozosos atardeceres que nos dio ese lugar que desaparece hoy bajo la picota. Ya digo. que en un día lluvioso, novembrino, el ruido algo insolente del derribo  se lleva por delante algo más que suelos y paredes. Y como dice una amiga: todo lo que nos era cercanos se aleja.

 

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