Gracias por tu elegancia, tu generosidad, tu belleza, tu inteligencia, tu fuerza y por el aprendizaje de la grandeza que mostraste en esa gran lucha callada hasta el último momento. Gracias por los incontables momentos compartidos. Son millones de gracias, suficientes para llenar la biblioteca de Alejandría, y que quedan y dejas entre nosotros y en quienes te conocieron. Es imposible llenar el espacio que dejas, pero sí agradecer el tiempo que compartimos y que siempre nos llenará y llevaremos dentro.
No te vas: sigues frente al mar que tanto miraste desde ese balcón que siempre será el de Mota. Esta Navidad has venido a despedirte como si ya supieras que los de Oriente esperaban su regalo; ese regalo magnífico que, para muchos, ha sido conocerte, vivirte, sentirte.
¿Para qué decir adiós?, ¿para qué despedirnos, si en cada madrugada de Reyes volverás con ellos? Aquí está el balcón esperándote y nosotros para decir: la Mota ya ha llegado.
No obstante, hoy hace frío y se vuelve inevitable sentirlo doblemente. Hoy, lo quieras o no, llueve en Almuñécar.
Javier Celorrio









