El monumental acueducto romano de Almuñécar / Elena Navas

 

 

Agosto, el octavo mes del año, lleva el nombre del primer emperador romano Octavio Augusto, el que fuera sucesor de Julio César, a inicios del s.I. Es por este motivo que agosto va precedido del mes de julio.

Augusto fue adoptado por Julio César, por lo que ambos pertenecían a la familia Julia, cuyo linaje era descendiente de Eneas, héroe de la guerra de Troya y antepasado de Rea Silva, la virgen vestal seducida por el dios Marte, quién a resultas de ello fue madre de los gemelos Rómulo y Remo. Rómulo fundó la ciudad de Roma, a la que dio su nombre.

Con esta propaganda Augusto vinculaba los orígenes de la familia Julia a los orígenes de la misma Roma, divinizando la figura de César y estableciendo el culto al emperador como elemento de unión de todos los ciudadanos romanos.

Agosto, por tanto, es el mes imperatoris Augusti, el mes del emperador Augusto, aunque para muchas personas el mes de agosto, además, signifique calor, vacaciones y momentos de evasión. En este mes de emociones y aventuras vamos a realizar un viaje al pasado romano de Almuñécar, lo suficientemente atractivo como para que nos anime a aprovechar las mañanas frescas de verano y las maravillosas puestas de sol de las tardes sexitanas para visitar la ciudad y sus barriadas, vamos a dar un Paseo por el Tiempo para conocer una auténtica obra imperial romana, tan impresionante y tan monumental como los 10 kilómetros del acueducto romano de Sexi Firmum Iulium, la ciudad romana de Almuñécar.

Es muy interesante observar como el nombre de la ciudad también hacía mención a la dinastía Julia, Sexi Firmum Iulium, la firme y “Julia” Sexi. Si hoy día dijésemos la firme y borbónica Sexi, inmediatamente la asociaríamos a un apellido de linaje real, al más importante de los apellidos y de las familias actuales en España, los borbones, el apellido Borbón, lo lleva el rey de España. En aquella época, la principal familia del imperio romano era la Julia, si le otorgan ese nombre a una ciudad, es porque existe una clara intención de crear un vinculo de fidelidad con la familia imperial. El nombre atribuye a Sexi las cualidades de ser una ciudad estable y leal a la familia Julia, una ciudad íntegra y afín al emperador. Los nombres en la antigüedad tenían una enorme importancia, porque indicaban claramente quién era una persona o definían una ciudad. Sexi era una importante ciudad en el s.I, como da a entender su denominación y entre otras cosas, las importantes obras públicas que se han conservado, de las que habría que destacar el acueducto.

Acueducto es una palabra que procede del latín: aqua (agua) y ducere (conducir). En el s.I, la ciudad romana de Sexi, requiere un sistema eficaz de suministro de agua que cuente con un caudal abundante y continuado para las necesidades de las factorías de pescado, y además cumpla con la exigencia de abastecer a la ciudad con el agua más pura y de la mejor calidad posible para el consumo de la población, por eso, no dudan en edificar una canalización de enorme extensión que conduzca el agua desde las fuentes del río Verde, hasta la ciudad. El resultado fue una monumental obra de ingeniería que comprende 10km de recorrido, que va discurriendo unas veces en superficie, otras subterránea, desde el paraje conocido como el Peñón Rodado de Otívar.

La construcción de este acueducto es muy meritoria, pues requiere unos conocimientos en matemáticas, física e ingeniería muy importantes para la época, obteniendo como resultado una estructura sólida que se ha mantenido en uso durante 2000 años, porque hasta hace muy poco tiempo el agua discurría para el riego de todos los campos de alrededor, como si fuese una acequia más. Con la urbanización del entorno, desaparecen los campos de cultivo y la necesidad de que el acueducto llevase agua.

Pero quizá, lo más sorprendente de todo es el talento que tuvieron los ingenieros romanos para encontrar las fuentes de abastecimiento de agua, que muestra un perfecto conocimiento de la geología del terreno y la buena comprensión del entorno natural, para cubrir sus necesidades, con un nivel de exigencia muy alto en la pureza del agua. Supieron localizar las aguas subterráneas y no escatimaron en esfuerzos para conseguir el agua que necesitaban, en caudal y en calidad. Los romanos tienen predilección por las aguas subterráneas, eran las que buscaban expresamente, porque esta agua ya ha pasado un proceso natural de filtración y son aguas frescas y puras. No les atrae el agua que brota en la superficie, porque piensan que se quedan en el aire los elementos más ligeros del agua, que son los que le dan salubridad, y se quedan los componentes más pesados, que son los más nocivos para la salud. Por eso los canales de conducción de agua de época romana están cubiertos, el cauce (specus), solía estar siempre protegido por una cubierta en forma de bóveda para evitar la contaminación.

Cuidaban mucho todo el entorno del acueducto, para que no se pudiese infectar el agua. Las leyes incluso regulaban la distancia que debían guardar los árboles, para que las raíces no dañasen la conducción. También prohibían que se realizasen sepulturas en el entorno cercano, para que no se contaminase el agua; incluso para construir, se establecía una franja de seguridad con respecto al acueducto. Para que no ocurriesen estas cosas, los terrenos por los que pasaba el acueducto se expropiaban de manera forzosa, aunque en muchas ocasiones eran donados por los propietarios.

Las leyes eran muy estrictas con respecto al mal uso del acueducto. Por ejemplo, estaba prohibido que se abrieran agujeros en la canal de agua, esto era algo que hacían algunos propietarios de los terrenos cercanos al acueducto, porque así conseguían que el agua que se salía, regase los campos por los que pasaba. Por supuesto no se podía desviar el agua a otras conducciones que fuesen para uso de particulares, o emplear tuberías con más diámetro del establecido. Estas cosas se denunciaban y tenían una multa bastante importante que obligaba a reparar lo dañado y a pagar grandes sumas de dinero. De esa multa, la mitad del dinero iba destinada al denunciante, así todo el mundo estaba muy pendiente de que el acueducto se cuidase bien.

La ciudad de Sexi Firmum Iulium se abastecía del agua más pura, la que nace en el cauce subterráneo del río Verde. Para los romanos, cuanta más calidad tenga el agua que consume la población, más fuerte será la ciudad, por ello no escatiman esfuerzos y mantienen el acueducto cuidado y limpio de impurezas. Una obra de tales dimensiones debe ir acompañada de una gran cantidad y variedad de elementos constructivos que son necesarios para atender el correcto funcionamiento del acueducto. Hoy día el acueducto de Almuñécar conserva 11 Spiramina, o pozos circulares por los que se accedía a las galerías subterráneas para el mantenimiento del acueducto; así como 4 desarenadores, o pequeñas balsas para retener la arena que arrastra el agua y que quede depositada en el fondo.

En todo el acueducto de Almuñécar se utiliza la piedra del entorno, la pizarra, esos esquistos y micaesquistos que conforman la geología natural de este lugar. Esta piedra se coloca de forma irregular y trabada con un mortero romano conocido como opus caementicium, de ahí proviene la palabra cemento. La construcción se adapta perfectamente al medio natural. La obra se amolda a la topografía del terreno y el agua circula por la fuerza de la gravedad, por lo que dan al cauce un desnivel muy preciso, para que la fuerza del agua no afecte a la propia estructura.

Cuando el acueducto encuentra un obstáculo en su trayecto, como puede ser una vaguada con fuerte desnivel, se construye una especie de puente con arcos, para que pase el agua (arcuatio). En los 10km de recorrido del acueducto de Almuñécar, hay 9 tramos con arcos construidos para que el agua pueda cruzar de una orilla a otra de un barranco. Los tramos con arcos son los elementos más vistosos de los acueductos romanos. Los que más identifican el Acueducto de Almuñécar son: el Cercado de la Santa Cruz, el tramo de Torrecuevas, y el tramo de La Carrera. En el acueducto de La Carrera, es admirable el sistema utilizado para elevar el agua hasta las colinas donde se ubicaba la ciudad, utilizándose como única fuente de energía la gravedad y la presión del agua. Los 17 arcos visibles de este tramo sustentan lo que constituye el venter, o parte central de un sifón.

Algunas personas piensan que el Acueducto de Almuñécar comienza en Torrecuevas, pero la canalización tiene aún varios kilómetros de recorrido entre tierras de cultivo, hasta llegar al lugar de captación de agua. A 7km de Almuñécar, se encuentra el paraje conocido como Las Angosturas, situado en el término municipal de Jete, allí hay una ermita rupestre dedicada a la Virgen del Agua, y hay una inscripción de 1875, que indica cómo el Ayuntamiento, y la Junta de Regantes realizan obras ese año para obtener agua de este lugar. Y es que en los años 1874 y 1875, hubo una sequía muy fuerte que obligó a perforar un pozo en la zona de las Angosturas. Se elige este lugar porque el cauce del río se estrecha mucho y esto hace que se eleve el nivel de las aguas subterráneas. Durante los trabajos apareció una conducción de agua muy antigua, que recogía el agua proveniente de 2 barrancos.

Con el paso del tiempo, en 1985 a 1988, se produce una nueva sequía bastante fuerte que obliga a buscar agua en esta zona, y se vuelve a encontrar esta conducción, que, esta vez, si pudo ser estudiada por el equipo de arqueólogos de D. Federico Molina, identificándose esta canal con el acueducto romano de Almuñécar, y este lugar como el punto de captación de agua. Este estudio permite conocer que la canalización tenía registros circulares en la cubierta situados a cada 80m que estaban cubiertos con grandes lajas de piedra del lugar, (pizarra). Se conocen como luminarias, y una de ellas está enfrente de la cueva dedicada a la Virgen del Agua. Algo bastante interesante, es que la cubierta era de cantos, sin argamasa, para facilitar la filtración del agua del lecho del río, es decir, los romanos construyeron una auténtica galería que servía de filtro natural del agua.

De esta forma, el Acueducto de Almuñécar, tendría un trazado de 7km, pero es muy posible, que tenga aún más kilómetros de recorrido, porque a 10km de distancia de Almuñécar se encuentra el paraje conocido como el Peñón Rodado, ya en el término municipal de Otívar, y en 1992, durante las obras de encauzamiento del río Verde llevadas a cabo en el Término Municipal de Otívar, se encontraron una galería antigua, que por la forma, los materiales y la manera de construirse, se puede identificar como de época romana, y podría tratarse de uno de los tramos del acueducto de Almuñécar. Pero de este hallazgo no se dijo nada, y no se pudo hacer un estudio arqueológico, aunque algunos vecinos de Jete, cuando se enteraron de lo que se había descubierto, documentaron con fotografías esta construcción. Este hallazgo coincide con una propuesta, que ya habían hecho algunos autores importantes en 1946 y 1949, que explicaban como en las cercanías de Otívar, en el lugar conocido como Peñón Rodado, se produce un estrechamiento en el cauce del río que supone la elevación del nivel freático en la zona, y que allí podrían estar las fuentes de abastecimiento de agua del acueducto de Almuñécar.

Desde 1949 el acueducto de Almuñécar se conoce y se identifica como una construcción de época romana, pero ha sido con el paso del tiempo, cuando se ha ido descubriendo su auténtica envergadura, y a ello contribuyó la llegada de turismo a Almuñécar, porque provoca una demanda alta de vivienda, y un desarrollo enorme de la construcción, con lo que cada vez se hacían más frecuentes las obras en lugares como la barriada de Torrecuevas, donde el tramo del acueducto, situado a 5km al norte de la ciudad, es uno de los trechos con arcos más monumentales de toda la construcción, por ser el que más longitud tiene, con una arquería de 130 metros de longitud. El acueducto a su paso por esta zona tenía que cruzar el barranco de Torrecuevas, y con esta enorme arcada de 16 vanos logran que el agua lo atraviese sin perder altura. Es un trecho muy vistoso porque entre pilares hay pequeños arcos, son arquillos de descarga, para que la construcción sea más ligera y pese menos.

A finales de los años 20 del s.XX, hubo una gran tormenta que provocó una avenida grande de agua por el barranco y se rompió uno de los arcos que hubo de reconstruirse, aunque el acueducto en general es una construcción muy sólida, por eso, la gente de la barriada, utilizaban los muros para adosar allí casetas de aperos, o corrales. Hasta que en los años 90, el ayuntamiento de Almuñécar, expropia estos terrenos, y comienza la restauración del monumento, dejando todo el espacio de alrededor abierto, como un parque público, que permite acceder y contemplar este trozo del acueducto de forma muy cercana. Aunque la canal de agua se cubre con una techumbre plana, la canalización llevaba una cubierta abovedada, tal y como ocurre en todos los tramos de acueducto conservados.

Quizá el tramo con arcadas más bonito de todo el acueducto de Almuñécar, sea el tramo conocido como el Cercado de la Santa Cruz, situado en el barrio de San Sebastián de Almuñécar. El auge del turismo en Almuñécar provocó un desarrollo urbanístico bastante fuerte que promovió numerosas intervenciones arqueológicas en este lugar, llevadas a cabo en 2006, así se pudo conocer bastante mejor todo el tramo de acueducto que transcurre por las Colinas de la Cruz. A su paso el acueducto tiene que salvar un barranco, por eso se construye uno de los tramos más espectaculares de todo el acueducto de Almuñécar, donde el curso de agua se eleva 18m, pasando por encima de un doble cuerpo de arcos, que tiene 72m de longitud. El paraje en el que se encuentra es muy natural, porque todo el entorno está formado por diferentes colinas, que están separadas por pequeños barrancos que vierten al río Seco. El propio cauce del barranco ha creado un anfiteatro natural, que se encuentra lleno de adelfas, y muy cerca están los cultivos de chirimoya y frutas tropicales. Uno de los espectáculos naturales más bonitos que se pueden ver en Almuñécar, es la salida de la luna llena por encima del acueducto de la Santa Cruz. Es un escenario mágico que reúne a muchísimos espectadores durante los conciertos de piano que, en verano, se celebran a la luz de las velas en este espacio, sin duda la parte más admirable de toda la gran obra que supuso la construcción del acueducto de Almuñécar en época romana.

Los espacios por donde transcurren los tramos con arcadas del acueducto de Almuñécar, son parques públicos amplios, descubiertos, con acceso libre que permiten al ciudadano visualizarlos de forma muy cercana y en toda su extensión. Los restos del acueducto están muy bien integrados en la ciudad y sus barrios, por eso las actividades culturales más apreciadas, como conciertos y teatro, tienen el acueducto de la Carrera como escenario de fondo, un ejemplo de cómo el aprecio al entorno cultural se traduce en calidad de vida.

Del acueducto de Almuñécar hay mucho que contar y más que visitar. Hoy hemos conocido los tramos más monumentales, hasta ellos se puede llegar cómodamente en coche o andando: Torrecuevas, Cercado de la Santa Cruz y La Carrera. Pero realmente, los 10 km de su recorrido están llenos de rincones naturales magníficos, que constituyen espacios frescos, rebosantes de agua y vegetación que hacen muy agradable el visitarlos en verano.

Ilustraciones: Toni Quiros


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