El valor de la educación / Juan Bolívar

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Habemus bronca. Aquí está de nuevo otro debate polémico sobre la educación. En cuatro décadas ha habido ocho leyes, una media de una cada cinco años. Recordémoslas: La LGE, 1970 , la LOECE, 1980; la LODE, 1985; la LOGSE, 1990; la LOCE, 2002; la LOE, 2006; LOMCE, 2013…y ahora la LOMLOE, la octava de la democracia. Cada una de ellas elaborada sin consenso, sino imponiendo la ideología del partido en ese momento en el gobierno. Y en esta ocasión vamos por los mismos derroteros. Este verano el gobierno de coalición en el poder intentó aprobarla pero no contó con suficientes apoyos y ahora, para asegurarse su aprobación, ha recabado la anuencia de los partidos nacionalistas e independentistas aunque, a cambio, ha tenido que ceder en algunos puntos que han sido denunciados por la oposición. La educación es un aspecto medular en una sociedad, que influye de una manera determinante en la evolución de un país pero en España se ha convertido en un campo de batalla entre una parte del espectro político y la contraria y ahora se ha vuelto a repetir la tradición.

Dice el valorado humanista, filósofo y pedagogo J. A. Marina que “En este momento, con la que está cayendo, que el Ministerio se dedique a hacer una ley de educación… es que están en la luna”.

Todos convenimos en que, con la situación social, sanitaria y económica que tenemos, deberíamos, una vez analizada la grave situación, dedicar todas las energías y medios de que disponemos a los centros, ayudando a los profesores, a los padres, colaborando con el resto de administraciones públicas. Se debería haber diseñado de forma diferente este curso para intentar minimizar los efectos tan negativos de la pandemia en nuestros escolares y recuperar lo perdido.

En cambio nuestros representantes políticos andan a la gresca defendiendo sus posiciones ideológicas, mientras la calidad de nuestra enseñanza, según el Informe PISA, no está entre las mejores de Europa, precisamente.

Como la ley se ha elaborado con una rapidez inusitada (para un asunto de tanta trascendencia social), no se ha acordado con colectivos vinculados con la enseñanza (Sindicatos y asociaciones de profesores, AMPAS, etc) no va a tener recorrido y, como ha ocurrido en anteriores ocasiones, el próximo gobierno la derogará y vuelta a empezar. Además esta ley, actualmente en debate parlamentario, presenta aspectos especialmente controvertidos que van a polarizar aún más a la sociedad y de hecho en su aprobación provisional en el Congreso de los Diputados se ha observado esa división.

Cito algunos de los puntos más polémicos de la nueva ley y que va a conllevar, por ejemplo, que en las comunidades donde gobierna el PP se pongan todos los obstáculos para impedir su vigencia:
Elimina la vehicularidad del español.
Falta de apoyo a la enseñanza concertada.
Supresión a medio plazo de los centros de educación especial.
Permite a los alumnos pasar de curso sin límite de suspensos.

Marina nos recuerda que todos los países están en estado de emergencia educativa y puntualiza que “tenemos que ver quién lo ha hecho bien, quién lo está haciendo mejor y no quedarnos ahora en enseñanza concertada o pública. Debemos observar las buenas escuelas gestionadas por un sistema público o privado, pero que estén dentro de la enseñanza pública”.
En la encuesta del CIS sobre los problemas de los españoles, en primer lugar aparece el paro por delante de la crisis económica y el coronavirus, en cuarto lugar se sitúa la sanidad y en quinto, la falta de acuerdo y la inestabilidad política pero la educación no aparece como algo prioritario ni para la ciudadanía ni para los políticos y así nos va.
¡No solo es la economía, estúpidos! se trata de la EDUCACIÓN, entendida como una cuestión de estado. Se debe hacer una apuesta por una sociedad del aprendizaje, porque en ello nos va el futuro. Si de esta pandemia debemos sacar una lección aprendida es la apuesta decidida por una educación de calidad y un apoyo a la innovación y al desarrollo de la actividad científica y tecnológica o, en caso contrario, y ya se está percibiendo palmariamente en los efectos y gestión de esta crisis, nuestro país va a sufrir las consecuencias negativas en forma de ruina económica y frustración y empobrecimiento social. Ya a mediados del XIX clamaba Víctor Hugo “¿Cuál es el gran peligro de la situación actual? La ignorancia. La ignorancia aún más que la miseria”.