Jazz en la Costa 2026 / Joe Lovano Paramount Quartet: el arte de conversar en libertad

Hablar de Joe Lovano es hablar de uno de los últimos grandes arquitectos del saxofón moderno. El concierto que ofreció en la segunda jornada de Jazz en la Costa, con el aforo completo y un sonido exquisito, fue mucho más que el lucimiento de un solista excepcional: fue una lección de cómo un cuarteto puede convertir la improvisación en un ejercicio de escucha colectiva. El Paramount Quartet —con Julian Lage a la guitarra, Asante Santi Debriano al contrabajo y Will Calhoun a la batería— confirmó por qué se ha convertido en una de las formaciones más estimulantes del jazz contemporáneo.

Desde el primer tema quedó claro que no habría concesiones fáciles. Lovano esquivó el repertorio complaciente para construir un discurso abierto, en el que cada composición funcionaba como punto de partida hacia una exploración constante: baladas sutiles como «Lady Day» (Wayne Shorter) o «You Taught My Heart to Sing» (McCoy Tyner) convivieron con temas propios de mayor intensidad, como «Fanfare for Unity» o «Amsterdam».

Si Lovano fue el narrador, Julian Lage resultó el interlocutor perfecto. El guitarrista estadounidense volvió a demostrar por qué es uno de los músicos más imaginativos de su generación, con una técnica deslumbrante que nunca cayó en el virtuosismo gratuito. Esa complicidad entre ambos, esa conversación de igual a igual, fue el verdadero eje de la noche.

El contrabajo de Asante Santi Debriano sostuvo el edificio con autoridad, mientras Will Calhoun sorprendió por la enorme riqueza tímbrica de su batería: llegado del rock, desplegó aquí una elegancia jazzística capaz de alternar la sutileza con explosiones de energía perfectamente integradas en el conjunto.

Buena parte de lo escuchado en El Majuelo procede de Paramount Quartet, el álbum que esta misma formación grabó en el sur de Francia y que ECM ha publicado este año bajo la producción de Manfred Eicher. Un disco que confirma a Lovano, ya superados los setenta años, instalado en ese estado de búsqueda constante que ha definido toda su trayectoria.

El público del parque El Majuelo respondió con una atención poco habitual: silencios absolutos en los pasajes más introspectivos y largas ovaciones tras las construcciones colectivas más intensas. Jazz en la Costa volvió a demostrar que el riesgo artístico sigue siendo el camino más seguro hacia la emoción.

 

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