La nueva tasa de residuos entra en vigor este año con cuotas que llegan hasta los 246,50 euros para las viviendas de mayor superficie, mientras el Ayuntamiento defiende que la rebaja del IBI compensa su impacto
Almuñécar ha estrenado 2026 con una nueva factura fiscal: la tasa por la recogida, transporte y tratamiento de residuos. Una obligación que afecta a viviendas, locales comerciales y alojamientos y que el Ayuntamiento vincula a la adaptación de la normativa estatal sobre residuos. La cuestión, sin embargo, es bastante más sencilla para el ciudadano que para la administración: desde este año hay que pagar una tasa específica por la basura y conocer cuánto supone realmente en cada caso.
La nueva ordenanza establece una cuota anual en función de la naturaleza, destino y superficie del inmueble. En el caso de las viviendas, la tarifa parte de los 57,52 euros para aquellas de hasta 59,99 metros cuadrados y asciende progresivamente hasta los 246,50 euros para las de 350 metros cuadrados o más. Entre ambos extremos se sitúan los 73,95 euros para viviendas de entre 60 y 89,99 metros cuadrados, 82,17 euros para las de 90 a 149,99 metros y 123,25 euros para las de 150 a 249,99 metros.
El cambio no afecta únicamente a los hogares. Los negocios soportan cuotas considerablemente superiores, determinadas también por la superficie y por la actividad. Un supermercado o un establecimiento de alimentación de hasta 50 metros cuadrados, por ejemplo, tiene fijada una cuota anual de 410,83 euros. En el caso de bares, restaurantes, pubs, discotecas y cafeterías, la tarifa parte igualmente de 410,83 euros y puede alcanzar los 6.573,25 euros en establecimientos de más de 400 metros cuadrados.
Los alojamientos turísticos tampoco quedan al margen. La ordenanza establece cuotas que oscilan entre los 328,66 euros para establecimientos de una a cinco plazas y los 8.216,56 euros para aquellos que superen las 200 plazas. En una localidad como Almuñécar, donde el turismo y el alojamiento vacacional tienen un peso especialmente relevante, este apartado convierte la nueva tasa en algo más que una cuestión doméstica.
Una tasa obligatoria, pero con una factura política evidente
El Ayuntamiento defiende que la nueva tasa responde a la obligación establecida por la Ley 7/2022 de residuos y suelos contaminados para una economía circular. La ordenanza señala que los ingresos deben cubrir el coste real del servicio y que la tasa debe tener carácter no deficitario. También introduce el principio de que el sistema debería avanzar hacia una fórmula de pago relacionada con la generación de residuos.
Pero detrás de la explicación jurídica existe una cuestión inevitablemente política: ¿cuánto termina pagando realmente cada vecino?
El Gobierno municipal aprobó junto a la nueva tasa una reducción del tipo del IBI, pasando del 1,07 % al 0,81 %, con el argumento de compensar la nueva carga fiscal. El Ayuntamiento calculó que la reducción de ingresos del IBI sería equivalente a la recaudación prevista mediante la tasa de residuos, estimada en algo más de 4,2 millones de euros. De esta manera, el equipo de gobierno defendió que el cambio no supondría un incremento global de la presión fiscal para los vecinos.
El problema es que esa explicación, perfectamente válida desde el punto de vista contable, no elimina la percepción que pueda tener el ciudadano cuando recibe un nuevo recibo. Para el contribuyente, la operación se traduce en dos movimientos distintos: por un lado, una reducción del IBI y, por otro, la aparición de una tasa específica por la basura. Y ahí es donde comienza el debate.
Pagar por la basura aunque la vivienda esté vacía
La ordenanza establece además que la condición de vivienda se mantiene independientemente del periodo de tiempo que permanezca habitada o deshabitada. El servicio es de recepción obligatoria y la falta de utilización no exime del pago.
Es un aspecto especialmente significativo en un municipio con un importante parque de viviendas de segunda residencia. Una vivienda que permanece cerrada buena parte del año continúa generando la obligación tributaria porque la tasa no se determina exclusivamente por la cantidad de basura que efectivamente produce cada inmueble.
La cuota se establece, fundamentalmente, atendiendo a la superficie y al uso del inmueble. Es decir, no se pesa la basura que genera cada familia ni se mide cuántas bolsas deposita durante el año.
La ordenanza sí incorpora algunos incentivos. Quienes realicen al menos cuatro entregas de residuos voluminosos en el Ecoparque municipal durante el año pueden obtener una reducción del 5 % en la cuota del ejercicio siguiente. También se contempla una reducción del 100 % para determinados sujetos pasivos que hayan contado con una propuesta de ayuda de emergencia social durante al menos seis meses consecutivos, previo informe favorable de los Servicios Sociales municipales.
La aparición de este recibo se produce además en un contexto en el que la limpieza urbana constituye uno de los asuntos recurrentes del debate municipal. Contenedores, recogida de residuos, limpieza de calles y mantenimiento del espacio público forman parte de las preocupaciones habituales de vecinos, comerciantes y visitantes.
Por eso, más allá de la obligación legal de implantar la tasa, la discusión política no desaparecerá simplemente porque exista una norma estatal que obligue a los ayuntamientos a modificar sus ordenanzas.
El ciudadano puede aceptar que haya que pagar por un servicio. Lo que también quiere saber es si ese servicio mejora, cuánto cuesta realmente, cómo se calcula la factura y qué ocurre cuando la calidad de la prestación no responde a lo que se espera de ella.
La nueva tasa de basura ya está en marcha en Almuñécar. El Ayuntamiento ha aprobado el padrón correspondiente a 2026 y ha abierto el periodo de exposición pública para que los interesados puedan formular observaciones, alegaciones o reclamaciones.
Así que la basura, que hasta ahora era sobre todo aquello que desaparecía discretamente por la puerta de atrás de cada casa, tiene desde 2026 una presencia bastante más visible en la economía doméstica. Ya no solo se tira: también se paga.







