La Cueva de los Siete Palacios y el urbanismo de la ciudad romana de Sexi Firmum Iulium / Iván Sánchez

 

Es sabido por todos los sexitanos que en el actual barrio del Castillo existen “cuevas”, donde seguramente algún conocido ancestro familiar vivió hace tiempo, e incluso en la actual vivienda familiar existe una habitación abovedada.

Las denominadas “cuevas” son en realidad habitaciones cuadrangulares con una cubierta en bóveda de cañón que unidas todas entre sí, conforman un complejo muy amplio de grandes dimensiones y cuyas bóvedas discurren en muchas direcciones por toda la parte alta del propio barrio.

También es sabido por los vecinos y cualquier visitante que se precie a subir hasta el barrio del castillo para visitar el espacio museístico de la cueva de los siete palacios, que esa construcción no tiene precisamente, pocos años, y es que dichas estructuras están construidas con piedra, cal y arena y se componen de muros anchos y gruesos cuya estabilidad soporta los distintos edificios existentes en su parte superior.

Por lo tanto, a qué se debe su construcción y porqué, estas preguntas puede que más de un autóctono lo conozca, puede incluso que algún amante de la historia de Almuñécar sepa perfectamente su funcionalidad y en la época en la que fueron erigidas, sin embargo y para que todo lector comprenda el factor patrimonial que conllevan estos paramentos, haremos un breve resumen de los resultados de las distintas excavaciones arqueológicas que se han ido desarrollando a lo largo de los años, desde mediados del siglo pasado, en el centro urbano Almuñequero y especialmente en su parte superior.

Todo comienza en el marco de la identificación como monumento, por parte de la Junta Superior de Excavaciones y el Comité ejecutivo de la Junta de Patronato para protección, conservación y acrecentamiento del Tesoro Artístico Nacional, correspondiente administrativamente al Ministerio de Instrucción Pública y bellas Artes en 1931, un 4 de junio en el que debido a los informes pertinentes se declara monumento histórico artístico, perteneciente al tesoro nacional los inmuebles denominados “Acueducto romano de Almuñécar, La torre del Monje y la Cueva de los siete Palacios del Castillo de Almuñécar” todos pertenecientes al período histórico romano.

Desde dicha fecha hasta el año 1981, estos espacios se convierten en viviendas, utilizadas por familias de pocos recursos e incluso en algunas, como pequeños talleres de forja, como bien recordarán algunos vecinos de mayor edad. Pero no será hasta las últimas décadas del siglo XX en el que se sepa, desde una perspectiva, científica gracias a la arqueología, de qué se trata este inmueble. Ya que existían varias teorías o hipótesis, como por ejemplo la expuesta por D. Carlos Fernández Casado, ingeniero de caminos, canales y puertos en la que exponía la funcionalidad del inmueble como un gran depósito de agua al cual vendría a parar el caudal procedente del acueducto. Sin embrago las distintas actuaciones en el interior de la cueva, han podido atestiguar la inexistencia de materiales como el opus signinum, que impermeabilicen la estructura y compongan un espacio de acumulación de agua que impida su filtración.

La segunda de las tres hipótesis la presenta D. Alonso García, el cual considera el inmueble como parte de una alcazaba islámica, edificada apoyándose en construcciones previas, y con una funcionalidad de caballerizas. Al igual que en la anterior, existen datos que corroboran la ocupación del espacio en períodos previos a la islamización de la ciudad de Almuñécar, con una potente estratificación de las construcciones en época romana republicana s.III-I a.n.e y mayoritariamente en época imperial s.I d.n.e en la que se fecha el alzamiento del inmueble construido. Siendo rechazada por tanto esta segunda hipótesis.

La tercera y más factible, debido en todo caso a los resultados documentados en las excavaciones de los años 80 dirigidas por D. Federico Molina Fajardo y corroboradas en las intervenciones arqueológicas más actuales, como por ejemplo las realizadas por el gabinete de arqueología del Ayuntamiento de Almuñécar en 2018 en calle San Joaquín, 2019 en calle San Miguel nº 10 y 2020 en calle Espaldas de San Miguel, interpretan el levantamiento del complejo abovedado, dentro del proceso urbanizador de la roma imperial y con una funcionalidad dirigida a solventar el reducido espacio existente en la parte más alta del promontorio, debido a la orografía del propio cerro, con un objetivo enmarcado en la creación de plantas aterrazadas de manera escalonada (Criptopórtico), en cuya planta final, la más alta se generaría un espacio abierto identificado como el foro de la ciudad romana. Esta teoría viene apoyada también por el investigador D. Manuel Gómez Moreno aportando la documentación de tres restos de esculturas que debido a su monumentalidad seguramente conformarían parte de un monumento o espacio público dentro del foro de la ciudad.

Es por tanto factible adscribir el inmueble de la cueva de los siete palacios a cronología imperial romana, concordando con las fechas en las que se erigen los demás elementos de ingeniería hidráulica como el acueducto, además de la ampliación de la factoría de salazones del Majuelo, siendo básicamente los tres pilares de la sociedad romana en la Sexi Firmum Iulium.

Ahora bien, se ha podido constatar en las últimas intervenciones acaecidas en el conjunto histórico de Almuñécar y precisamente, en espacios urbanos cercanos o colindantes a la cueva de los siete palacios, la dimensionalidad de las construcciones y que la cueva representa solamente el 10% del total del Criptopórtico, siendo actualmente la hipótesis de su dimensión de una hectárea aproximadamente.


Además se ha podido verificar en las excavaciones de la calle San Miguel nº 10 y la calle espaldas de San Miguel, al igual que pasó en la excavación arqueológica de la propia cueva de los siete palacios, la existencia de una fase anterior de época republicana, en torno al siglo III-I a.n.e de una ocupación estable, con un urbanismo bien establecido y de corte elitista en la zona alta del cerro de San Miguel, estancias habitacionales que se derriban, una vez se decide invertir directamente por el imperio en la mejora de los recursos hidráulicos del municipio sexitano, con la construcción del acueducto, la ampliación de la factoría de salazones y por tanto, con la construcción del criptopórtico con el objetivo, de crear multitud de espacios abovedados con un uso comercial y de almacenaje de los productos procedentes de la factoría, pequeñas Insalue, o edificios de viviendas para los trabajadores de la misma factoría. Con lo que se ha podido atestiguar por tanto, un cambio estructural en la sociedad romana, una nueva ubicación social de las élites a extramuros del centro productor de la ciudad y con una clara tendencia industrial en el factor urbanístico de la ciudad romana.

La relación con el agua en el propio criptopórtico siempre había sido una incógnita, ya que hasta el año pasado, en la excavación arqueológica de la calle espaldas de San Miguel, nunca se había podido verificar la forma en la que se distribuiría el agua desde el Castellum Aquae el cual se encontraría en la iglesia de la encarnación hasta la parte superior del cerro de San Miguel, en definitiva, hasta el área foral de la ciudad, la parte superior del criptopórtico.

Restos arqueológicos puestos en valor, a través de un mandato normativo de la ley de patrimonio histórico de Andalucía en el que se han consolidado las estructuras, se ha generado un espacio expuesto al público y en los que actualmente el ayuntamiento de Almuñécar está trabajando en su difusión y divulgación mediante diversos paneles expositivos que se colocarán en el mismo viario.

La documentación de estructuras hidráulicas en relación a varias estancias cuadrangulares pertenecientes a la red interna de habitaciones propias del complejo abovedado ha supuesto, la interpretación de diversos canales internos por donde discurría el agua, y en los que para salvar el desnivel, dirección sur (hacia la factoría) se construían distintos espacios rectangulares en línea a modo de sifones con la funcionalidad, por un lado, controlar la presión del agua y por otro las impurezas, aprovechando estas estructuras como piscinae limariae, las cuales sirven como cubículos donde se depositan las impurezas que discurren por el agua, como por ejemplo arenas, piedras, desperdicios, etc, siendo por tanto la prueba empírica de la distribución del agua en el interior del criptopórtico.


Siendo además documentadas, las estrechas travesías internas que recorrían los distintos espacios abovedados y que generaban los pasadizos entre los distintos niveles del propio criptopórtico, en la misma calle espaldas de San Miguel, se ha podido verificar como se relacionaban las escalinatas de sillares de piedra toba con un recorrido con pavimento de cal apelmazada y tierra que circunda un gran muro de piedra, cal y arena en el sur y cuya dirección en paralelo con la escalinata de sillares, cerraba el paso de un nivel inferior al superior. Constatando un total de cuatro niveles desde la cota 22.35 m.s.n.m por debajo de la calle San Miguel hasta la cota 43m.s.n.m en la propia plaza eras del Castillo.

Es por ello que gracias a las actividades arqueológicas más actuales se ha podido generar una hipótesis, que si bien sigue en la línea teórica más factible, con la que empezábamos este texto, se ha podido aumentar el conocimiento acerca del Criptopórtico, se ha podido corroborar sus cronologías y ocupaciones, dando forma a una más que encomiable obra de ingeniería de la SEXI FIRMUM IULIUM que conformó la importancia que esta ciudad tuvo para el imperio romano.

Iván Sánchez, Arqueólogo Municipal de Almuñécar

 


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