La estrategia del sargo / Tomás Hernández

Cuenta mi amigo Juan, pescador por entretenimiento y genética, que el sargo es el pez más listo. Dice que antes de llevarse la carnada del cebo remueve la tierra, enturbia el agua y huye. Pensaba en la estrategia del sargo, cuando oía parte de la comparecencia de Feijóo en el Congreso sobre la tragedia de la Dana. Afirmó el aspirante a la presidencia, con desparpajo enfático, que la AEMET no informó en tiempo y forma a la Generalitat. La Audiencia de Valencia ha sentenciado la falsedad de la denuncia y corrobora que fue Mazón y su gobierno quienes desatendieron los avisos de la AEMET. La Universidad suspendió las clases. Acusa el compareciente a la CHJ por no haber informado con puntualidad y precisión de la crecida de los arroyos. La jueza valiente que instruye el caso, víctima de descalificaciones y falsedades, desmiente esta acusación, después de haber oído a los responsables.

Cuando el representante de EH Bildu le pregunta sobre la actitud de su partido con las víctimas de la Dana, contrata Feijóo con las víctimas de ETA. Da escalofrío la nostalgia morbosa por el crimen. Ayuso y su ventrílocuo alardearon con gallardía del jocoso lema “que te te vote Xapote”. Y Feijóo ha hecho suya esta vileza. Y en el despropósito entre la sandez y la risa, argumenta Feijóo que el presidente Illa tampoco estuvo al frente del accidente ferroviario de Cataluña, donde también murió una persona. No pudo. Estaba en la UCI. Relacionar ambas ausencias, la de la UCI y El Ventorro, produce un sonrisa, porque la indiferencia es preferible al sarcasmo. No es fortuita, creo, esta comparación. Es el dominio del relato, el manejo de la mentira, vamos, como aconsejaba el presidente del partido a Mazón, que consiste en hacer de la tragedia de Adamuz la Dana de Sánchez. El que pueda hacer que haga, que ya se encontrará un tribunal propicio.

El dualismo platónico del fondo y la forma, tan presente todavía, podría aplicarse también a la intervención de Feijóo. Si el fondo fue lo que hemos dicho, la forma consistió en remover el fango para enturbiar el agua, como el sargo. La evasión a las preguntas se buscó en respuestas extensas, referencias fuera de lugar y contrapreguntar al interpelante. Un discurso que parecía redactado por MAR: mentir no es delito, el insulto es políticamente rentable.

Pienso si algún día un historiador de sutilezas o un doctorando despistado estudiará los gobiernos en la sombra de Miguel Ángel Rodríguez. Aznar, Ayuso…

Tomás Hernández.

 

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