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Luna Nueva

La Herradura rinde un gran homenaje al maestro don Eduardo Palomares Rubio 70 años después de su marcha

 

 

Carpeta J. Celorrio

El descubrimiento de una placa en la puerta del que fue colegio niños de La Herradura, situado en calle Granada 1, donde impartió clases durante seis años y la edición y presentación de un libro sobre la labor realizada por el maestro nacional, don Eduardo Palomares Rubio, centró el homenaje que La Herradura brindó al citado maestro, 70 años después de su marcha.

Los actos, que estuvieron presididos por el alcalde, Juan José Ruiz Joya, contó con los cinco hijos del homenajeado además de otros familiares hasta superan la treintena, junto antiguos alumnos del homenajeado, vecinos y colectivos como el Club de Lectura y Amigos de La Herradura. Fueron actos emotivos y también llenos de alegría por parte antiguos alumnos y familiares.

“Una persona que ha sido capaz, 70 años después de irse, de reunirnos todos aquí para recordar la historia de nuestro pueblo, nuestras raíces y tradiciones dice mucho de quien fue y la labor que desarrolló. Es muy importante saber de dónde venimos para poder seguir avanzando. En este sentido, solo tengo palabras de agradecimiento al matrimonio y a todas las personas que han colaborado para hacer realidad este homenaje”, dijo el alcalde antes de descubrir la placa.

Ruiz Joya manifestó que “una persona que en tan solo seis años marcó con su buen hacer labores educativa, culturales y sociales la vida de La Herradura. Es para sentirse muy orgulloso tanto la familia como nuestro pueblo y poder tener este gesto con don Eduardo” dijo antes de agradecer a los actuales propietarios de la antigua escuela, el matrimonio noruego, Wenche y Helge, que también fue maestro en su país, por colaborar y apoyar este homenaje.

Con anterioridad, un alumno de don Eduardo, Jerónimo Alaminos Rodrigo (82 años), recordó cómo fue su experiencia en la escuela con el homenajeado. También se sumaron sus hijas, María Victoria y Aurora, recordando cómo vivieron en la citada escuela y casa del maestro así como sus vivencias en La Herradura y amigos de aquella época. Fueron momentos muy emotivos siete décadas después, poniendo el broche del acto con el descubrimiento a azulejo donde reza: “A nuestro querido maestro don Eduardo Palomares Rubio. En esta casa vivió y trabajó entre 1946 y 1952”. A ello se sumó un pequeño refrigerio ofrecido por los propietarios de la casa.

Marina Playa

Presentación libro.

Los actos continuaron en el auditorio del Centro Cívico de La Herradura, donde tuvo lugar la presentación del libro “Don Eduardo Palomares Rubio. Maestro Nacional de La Herradura (1946-1952). Abrió las intervenciones José Trapiello, coordinador de la edición del libro, y, José Carlos Palomares, coautor del libro e hijo de Don Eduardo Palomares, así como el Alcalde de Almuñécar, Juan José Ruiz Joya

Finalizó la presentación con un recital musical que en su primera parte recoge canciones suecas a cargo de David Mancebón, barítono y Eduardo Palomares, piano. También se sumó el Coro Infantil “Los Arcos” de Almuñécar, formado por 30 niños y niñas, y dirigido por Pedro Hernández Arredondo, interpretó un recital musical compuesto por canciones populares.

Más que un maestro

Don Eduardo Palomares Rubio (Granada 1915-1983) fue más que un Maestro Nacional, un impulsor o dinamizador cultural en la localidad. Durante los seis años que estuvo en la localidad, no solamente se limitó a la formación educativa de los niños, sino que también creó un grupo teatral y una banda de música, que, incluso, no solamente actuaba en La Herradura, sino que también salían a otras localidades vecinas.

Palomares Rubio inició su formación en su ciudad y al finalizar el Bachillerato comenzó estudios de Química que fueron interrumpidos por la Guerra Civil; al acabar ésta obtuvo el título de Maestro. Sus primeros empleos los desempeñó en Fuente Nueva y en Pinos del Valle. En 1946 fue destinado a La Herradura, donde permaneció hasta 1952. Trasladado a Granada trabajó en las escuelas del Seminario Menor (1952´- 1960) de San Agustín (1960- 1970), de la Virgen de las Angustias (1970-1975) y de nuevo en San Agustín 1975 hasta su jubilación en 1980.

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