La Iglesia de San Bartolomé (Arcila-Marruecos) / Javier Sánchez

Con la instauración del PEM en 1912 muchos españoles se trasladan a Marruecos buscando nuevas oportunidades,  una de las consecuencias de este fenómeno es el desarrollo de  una importante arquitectura religiosa.
Entre las nuevas casas-misión que se fueron creando durante este periodo destaca la de Arcila. El pequeño local constituido en el año 1912 fue el origen de la misión franciscana en Arcila. En 1922 el majzén donó a la misión un solar para la construcción de la iglesia y casa misión. El encargado de dirigir las obras  fue el arquitecto Francisco Serra. En 1927 comienzan los trabajos de la nueva iglesia  y finalizan en 1929, estando bajo la advocación de San Bartolomé. Es un edificio de 31 por 9 metros, con dos torres campanario gemelas. La arquitectura de la iglesia es  una mezcla de influencias moriscas y españolas. En el interior de la iglesia destaca un altar ornamentado y hermosas vidrieras.
Situada en el centro de la ciudad, la Iglesia de San Bartolomé es un testigo de la presencia española en esta ciudad, a la vez que  testimonio del rico patrimonio cultural de Marruecos.
 La Iglesia de Arcila lleva el nombre de  San Bartolomé en recuerdo a la antigua capilla fundada por los portugueses, cuando ocuparon la ciudad en agosto de 1471.
En 1956 finaliza el PEM y Marruecos se convierte en un estado independiente. Muchos españoles retornan a España,  el número de católicos decrecía año tras año, dejando decenas de iglesias y parroquias desiertas.  Algunas tuvieron que cerrar, otras  se desacralizan y,  se  convierten en centros culturales, oficinas gubernamentales, hoteles e incluso mezquitas. (Las iglesias protestantes, prácticamente desaparecieron.)
En los años que siguieron a la independencia de 1956, se produce el cambio de una Iglesia de colonos a una Iglesia del encuentro, de la tolerancia del dialogo.
Pese a que la Iglesia católica esté presente en Marruecos desde hace más de ocho siglos, el país estrechó sus primeros vínculos diplomáticos con el Vaticano en 1976 y la Iglesia pudo ejercer libremente sus actividades solo a partir de 1983, cuando  el rey de Marruecos Hassan II. concedió  el 30 de diciembre de 1983, un estatuto especial de protección a la Iglesia católica.
En 2011 la nueva Constitución supone un avance. Aunque «el islam es religión de Estado», el artículo 41 de la Constitución estipula que el rey «es el garante de la libertad de la práctica religiosa». Marruecos confirma su reconocimiento de la libertad de culto, pero no así de la libertad de conciencia, es decir, la posibilidad para un musulmán de cambiar de religión. Pero permite la existencia de templos cristianos (católicos, anglicanos, ortodoxos) y sinagogas que  pueden celebrar libremente sus funciones religiosas».
Arcila que durante el Protectorado llego  a tener 8500 españoles, hoy apenas  cuenta con seis familias españolas. La población de Arcila es mayoritariamente musulmana, siendo la comunidad  cristiana puramente testimonial.
La Iglesia de San Bartolomé (Arcila) depende de la zona pastoral de Tánger, siendo sacerdotes de Tánger quienes se trasladan a Arcila para celebrar la misa.  Cuenta con una misión de las hermanas del Instituto de la Bienaventurada Virgen María (conocidas como las Irlandesas), dedicadas a la promoción de la mujer, a través de su alfabetización y capacitación laboral.
Es grato observar como esta iglesia  se  adapta a la nueva realidad y  ya no es sólo un lugar de culto, y punto de encuentro de la pequeña comunidad de feligreses, sino que ofrece un amplio abanico de talleres  sobre técnicas tradicionales de confección, idiomas, informática. Desarrolla planes formativos para mujeres, niñas y niños en situación de pobreza que viven en los poblados chabolistas de Asilah. Los retos a los que tiene que responder la misión de Arcila son la interculturalidad, la intereligiosidad, y los derechos de la mujer principalmente
La iglesia de San Bartolomé es pequeña pero dinámica, es una iglesia que responde a las necesidades sociales, que está al lado de los más vulnerables. Es una  Iglesia que sabe dialogar con la población local y atender, a su vez,  a la minoría cristiana.
Cuando voy a Arcila me gusta pasear por las calles de su  medina y  del ensanche. Disfrutar del paisaje urbano, donde entre un mar de minaretes (que representan el carácter islámico de la ciudad)  podemos ver un campanario (legado cristiano español). Porque los campanarios y los minaretes no dejan de ser versiones diferentes de un mismo edificio, es el que indica la  pertenencia; y como tales tienen un fuerte valor propagandístico y político. Evocan conflictos milenarios y también una íntima relación entre los contendientes, tienen más en común de lo que se suele reconocer.
La última vez que estuve en Arcila (septiembre) estábamos paseando y vimos que la iglesia estaba abierta, decidimos entrar, el sacerdote que oficiaba la misa al vernos acudió a nuestro encuentro y nos dio la bienvenida con un fuerte y emocionado abrazo. No éramos más de diez los que estábamos en el templo.
También quiero destacar un fenómeno que raramente se produce en otros lugares, es oír el replicar de las campanas  de la Iglesia  y la llamada del Muecin a la oración. Es realmente impresionante.
Porque, la memoria colectiva de Arcila se ha caracterizado por una rica convivencia entre las diferentes religiones, hay mezquitas, sinagogas, iglesias y cementerios de las tres  religiones.  Esto no es la expresión de un deseo: es una realidad vivida en el día a día”.
 

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