
Para ser «cool» y no morir en el intento es necesario que sepamos una serie de conceptos imprescindibles para no pasar por «ese hombre o mujer con polvo» llamados así por Dorothy Parker cuando alguien que aparecía en sus famosas tertulias del hotel Algonquin le parecía perfectamente pasado de moda o con un comportamiento ideológico y de actitud digno de anticuario. Dejando la ideología a un lado, eso parece desaparecido en los ámbitos por donde el mundo navega, parece absolutamente imprescindible conocer el nuevo lenguaje en la esfera de las relaciones humanas y en concreto en la de los comportamientos sentimentales, dentro de las redes de contactos, si queremos entender el modus operandi de los mismos y no perdernos dentro del argot que allí se utiliza.
Esto viene al caso de una conversación entre un señor y una señora, no precisamente adolescentes, en una mesa cercana a la mía de un bar, y que asiduos de la plataforma de citas Tinder comentaban ciertos comportamientos que mantenían con algunos de sus contactos. En concreto, era el treinteañero el que había sido víctima por alguien de un ghosting pero que había terminado siendo un zombieing. Cosa que la chica cuarentona rebatía llamándole exagerado, ya que para ella desde el principio pensaba que la situación era más propia de un caspering en todo regla.
Obvio que la pregunta era ¿pero de qué narices hablan?, para pasar luego a un estado de hipocondría donde el doctor Alzheimer rondaba por mi cabeza. Me alivio algo pensar que acaso se comunicaban utilizando el mestizo spanglis o que realmente yo pertenecía al grupo de los señores denostados por la Parker y donde el polvo es más de arenas milenarias sobre quisicosas enterrada en el desierto digna de estudio arqueológico que de cachivache descubierto en el desván de una casa en ruinas. Pudiera ser ambas, me digo como medida paliativa.
Pero no tuve más remedio que acudir a la ayuda de la señorita telefonista de nombre Siri y que es como oráculo poniendo respuesta a cualquier duda, aunque a veces no responda con demasiada cordura ni educación, cosas que se supone jamás debe perder una autómata como es debido. En esta ocasión mostró su lado más amable y empezó a limpiar el manglar donde el niño Tarzán fue rey de los monos y al que, por cotilla, la conversación me había llevado.
El asunto trataba de que aquel treintañero en enamoramiento visible, penaba de un abandono certero, cruel, pero no definitivo, ya que para mayor crueldad el fantasma había regresado (zombie) de entre los muerto convirtiéndose en el típico novio pesado de nuestros terrores. Cosa similar nos ha ocurrido a cualquiera, aunque debo decir que en ocasiones el ghost se convierte en zombie más por nuestra propia insistencia que por sus resistencia. Situación que al parecer se había producido en aquel caso ante lo que el muchacho, tal que lo vi muy resuelto en dramatismos, insistía en contar. Y al caso, cualquier melodrama si no fuera por el elemento ghosting se convertiría en un caspering sin substancia y digno de cualquier comedieta. Y es que el llamado comportamiento caspering, al que aludía la cuarentona, a la que se notaba esa quisicosa de creyente absoluta del mantra de que «los sesenta de ahora son los cuarenta de antes», tiene como santo fundador al famoso fantasmita Casper y que en el léxico Tinder es rechazar educadamente a alguien con quien se ha estado quedando, acaso por soledad que quisimos acompañada y que termina por conducirnos a un sin sentido de compañía. Ese estado en el que la frase «los teléfonos contestan algunas veces, pero otras no», dicha a quien se convierte en pesadilla al pedir explicaciones de nuestra disponibilidad, es también exponente de nuestra propia inseguridad.
Pero ya abierto al léxico tinderiano, y abandonada la pareja a su suerte de mantras, desengaños y eufemismos, por mi cuenta empiezo a navegar por el mismo y como en cada investigación son muchos los universos de posibilidades y muchas las probetas para medir el liquido exacto que añadir a una reacción. Así, que haga mi propio Cosmos a los Carl Sagan, pero en la galaxia Tinder, y me pongo a reflexionar si Penélope fue víctima por parte de Ulises de ghosting, zombieing, un amable caspering o hizo ella con los pretendientes un curving en toda regla que significa ni confirmarlos ni rechazarlos por si el otro tarda mucho en saber lo de las Ítacas. A saber. (Anterior entrada)
Cesarión Stuart







