Hoy en mi ventana brilla el Sol
Y el corazón se pone triste contemplando la ciudad
Porque te vas
En la memoria de Pilar Robles Ramírez
«No hay mayor dolor que recordar la alegría en la desgracia», lo escribió Dante hace siglos. Y no obstante, cuando ante la persona que se nos va su aporte a nuestras vidas ha sido tan vital, enriquecedor e importante es imposible por ineludible que en esa certeza que es la muerte no aparezcan las muchas vivencias compartidas y cuyo dolor principal es saber que ya no habrá otras, y que desde ahora serás esa quimica y física cerebral que según la neurociencia llamamos recuerdo, memoria. ¡Y cuánto de eso queda y quedará en el anecdotario de tu paso por la mía! En este momento emocional de pérdida un tropel de situaciones son el oratorio del duelo, pero suele ocurrir que con vitalidades como la tuya esta tristeza tenga consuelo y lenitivo por tantas circunstancias que compartimos y que por estár tú en ellas le diste el don de hacerlas especiales; ese extraño don que tienen los tocados por el Hada consistente en hacer ditinto y único lo que de otra manera sería bagatela. En estos momentos de saber que te has ido, que ya eres recuerdo, siempre lo serás vivo y presente, con esos colores brillantes que la memoria dispensa a aquellos que han enriquecido nuestras vidas. Agradezco que la vida nos haya cruzado, pues es difícil encontrar personalidades como la tuya, peculiaridades que te acompañaban, rasgos de singularidad que, como decía Stendhal, hacen personaje. Y que como dirías tu misma: ante eso no hay más cera que la que arde.
Hemos llegado ya a la edad en que la cera se va consumiendo, en esa en la que advertimos que “envejecer, morir, es el único argumento de la historia”, dixit Gil de Biedma. Pero no es lo mismo recapitular vacíos que hacerlo llenos de experiencias, como a Ítaca arribó Ulises. Así te vas, Pilar, con mucho cariño tanto como la nostalgia que dejas. Nuestra energía, o lo que quiera que sea, se encontraron en este mundo y seguro que en ese otro, o en el que tú crees, volverán a encontrarse y entonces, amiga, seguiremos contándonos muchas cosas y seguro conoceremos el enigma de aquel coche tuyo que no encontramos en tres días y de repente descubrimos que lo teníamos en nuestras narices. Y eso sabes que nunca lo tuvimos claro. Hasta entonces, muchas gracias por tu cariño y no descanses en demasía, pues que tú siempre estás y estarás perfecta.






