La noche de la música / Tomás Hernández

El pasado 6 de diciembre el alcalde de Almuñécar-La Herradura, Juan José Ruíz Joya, hizo entrega del III Premio de Poesía Paulino Álvarez. Presentó el acto con sencillez y eficacia la periodista Verónica Callejón. Hubo, cómo no, un recuerdo a nuestro entrañable paisano y añorado Paulino Álvarez con unas palabras de Reinaldo Jiménez, que tan amigo suyo fue y tanto lo quiso. Contaba Reinaldo que cuando él salía cada mañana a su trabajo, se encontraba el saludo de Paulino al otro lado de la Rambla y cómo esa imagen todavía le acompaña. Leyó también un texto sobre la memoria de Paulino enviado por su paisana y amiga de Vilardevós Clara Álvarez Alonso, profesora de la Universidad Autónoma de Madrid.
Anunció también el alcalde la propuesta de hermanamiento con el pueblo de Vilardevós y la subida importante de dotación del premio, que pasa de los mil quinientos euros de ahora a dos mil quinientos. Este aumento convierte el Premio de Poesía Paulino Álvarez en uno de los mejor dotados a un solo poema y contribuirá a ofrecer La Herradura no sólo como un lugar de sol y playa, sino también como un encuentro de poesía y cultura.
Pero, sin duda, los “reyes de la noche” fueron los músicos de Versos sobre el pentagrama. Las voces y las guitarras de Nacho y Rafa, el magnífico piano de Juan Antonio, que toca como Keith Jarret, y la última incorporación del violinista Manu Clavijo. ¿Cómo se va a interpretar un vals sin un violín? En esta ocasión la voz de Pepa Merlo fue sustituida por los miembros del grupo, que musicaron el poema ganador con el asombro del poeta y añadieron, con generosidad inesperada, algunos poemas de los miembros del jurado.
Y así, la noche de la poesía se convirtió en la noche de la música, por obra y gracia de Versos sobre el pentagrama. No soy muy entusiasta de las lecturas de poemas con acompañamiento musical. Es manía propia, cada uno tiene las suyas, ¿verdad? Pero lo de este grupo es otra clase de arte. No se trata de buscar un sonsonete de fondo, rasgueo de guitarra o golpear de teclas. Ellos, creo yo, entran en el poema, buscan la música inaudible, el aliento que sostiene la palabra. Y esa música a veces es un vals para cantar a León Felipe, una ranchera para decir a Gloria Fuertes, un tango para los poemas de Álvaro Salvador. Eso es lo que diferencia a este grupo de la música de acompañamiento. Ellos tocan desde dentro del poema, abren la palabra y nos enseñan su corazón de música.
Emocionante fue el momento, como hemos dicho, en que Luís María Pérez Martín, el ganador de esta edición, oyó su poema en la música de Rafa, Nacho, Juan Antonio y Manu. Como muestra de gratitud nos dejó este soneto a la belleza de La Herradura y a todos por los que se sintió acogido aquella noche.
Tanta suerte me trajo La Herradura
que ya empiezo a añorar su mar secreto,
su paisaje con piel de piedra oscura,
su fanal de quietud tibio y discreto.
Fue tan bello vivir esta aventura
que, de vuelta a mi oscuro parapeto,
llevo encima un alijo de ternura
y un baúl de amistad como amuleto.
Quedo en deuda con Pepa y con Tomás,
con Andrés, Ana, Sixto y Almudena,
con Reinaldo y también con el destino.
Rafa y Moncho pusieron lo demás.
Como siempre, vivir valió la pena.
Donde quieras que estés, gracias, Paulino.
Luís María Pérez Martín
Tomás Hernández
 

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