A pie de página / La pandemia que vendrá no es la primera

ojoradiactivo1200
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Desde que el espermatozoide comienza su carrera veloz a la victoria, ya lleva en sí y su triunfo la dramarturgia de la derrota. Lo que ocurre es que llegó un poeta y dijo aquello «que allá donde nace el mayor peligro crece también lo que puede salvarnos» y un filósofo aún más antiguo admitió que sabía que no sabía nada, y desde entonces vamos a trancas y barrancas escribiendo normativas de autoayuda. La realidad es que ese espermatozoide, o espermatozoida (no vaya a ser …), no tiene idea de lo que precederá a su precipitada carrera y que la única leyenda que lleva la camiseta del sponsor patrocinador es que cualquier carrera triunfadora tiene sus pros y contras. O sea, que allá donde nace la salvación, resulta que también crece el peligro.

Hace gracia la leyenda que viene corriendo desde que estamos padeciendo esta pandemia que dice «de ésta saldremos mejores o más fuertes». Algo parecido a lo que dijo Shakespeare sobre que la abundancia y la paz engendran cobardes, mientras que las tribulaciones son madre del valor o algo parecido. Obvio que el inglés hablaba del ardor guerrero. Pero en nuestra realidad, o la tonta nueva normalidad, considero una estupidez más de las muchas que desde las tribunas políticas se vienen pregonando. Lo mejor de no decir nada es que no se tenga nada que decir. Ahora bien, decir por decir da lugar a esos galimatías que son herramientas absurdas de la prosapia vacua con la que algunos maquillan su ignorancia y que obvio confunde al ciudadano que no entiende que una cojera mejore a una modelo de pasarela. Mejorara acaso, en el plano místico, a aquellos que se subliman en el dolor y las consiguientes plegarias, pero no a cualquiera que debe seguir con secuelas un tiempo no tan prudencial.

A qué engañarnos: de ésta el gen que somos saldrá maltrecho, otra cosa es que la supervivencia nos adapte a la nueva normativa y la razón nos haga aceptar sin más remedio la realidad que quede tras el desastre, pues cierto es que de todo se sale si la muerte no pone réquiem. Lo difícil es vivir el momento complicado y el miedo que nos supera y cuya égida nos conduce a algunos a la aceptación razonada y a otros a esa negatividad infantiloide de que el mal no va conmigo y por ende es una invención de los otros que son estúpidos y dicen amen a todas las consignas sanitarias que se imponen. De ahí esos grupúsculos de fin de semana que pululan sin cualquier prevención e incluso jaleandose de no cumplirlas como intuyo de ufano se comporta el espermatozoide ganador sobre el podium del óvulo rodeado de miles de cadáveres ahogados en su propio jugo. Claro que no sabe a qué espacio va a salir ni en que nave viajará.

Se critica mucho a los políticos que nos dirigen en la gestión de esta enfermedad, pero es que esos políticos han sido puestos por nosotros. ¿Qué nos pudieron engañar en su momento? A lo mejor o seguro; pero una mañana de domingo, lluvioso o soleado, depositamos en una urna la papeleta con su sigla, dejándonos engañar o arrastrados por eso que se ha dado en llamar carisma y que no es más que la normativa publicitaria que impera en los gabinetes de imagen. No nos engañemos: la mayoría votamos gestos, colores, frases remendadas de otras frases, algunas salidas de oscuras épocas, al igual que nos dejamos llevar en un supermercado eligiendo el café que anuncia un conocido actor. Tanto se ha democratizado la vida que temo todo se mida por el mismo rasero: la gestión pública y el yogurt que toma el influencer de turno. ¿No reflexionamos el voto? Probablemente menos que el yogurt.

Durante esta pandemia, que se supone nos hará mejores, y al espermatozoide más aguerrido si cabe tras su proeza de ser Carl Lewis, se puso de moda en los programas de televisión las video conferencias de tertulianos, colaboradores y personajes, el fondo de todos ellos eran repletas librerías que para sí hubiese querido Montaigne en su torre y que era el efecto trampantojo de solvencia intelectual que se suponía al interviniente en tema de tan grave enjundia como una pandemia del siglo XXI, aunque este no tuviera ni pajolera idea del mundo científico. No obstante, en tan solo una ocasión fue un espacio minimalista de limpio blanco el fondo, y que para desgracia del periodista se vio cruzado por la figura de una chica medio desnuda y eso en el llamado prime time de la cádena televisiva que lo difundía. La pacatería nacional fue inmisericorde y el puritanismo se cargo la fulgurante carrera del presentador y comunicador engominado al que le cayeron, aparte poner al descubierto la frivolidad de su vida privada sin cualquier tomo del Espasa, anuario o al menos una edición del Kamasutra que lo cobijara , mil conminaciones por una supuesta inflación al confinamiento. La dictadura democrática de las RR.SS. fue implacable y el crédito del periodista entró en la ruleta política y cualquiera fuese el número y color apostado el casino le largo de su mesa.

Seguro que el espermatozoide ha vivido épocas más fructíferas que esta, con portadores que han enriquecido el gen. Seguro que ha viajado en naves de mayor ingenio que han dejado legados importantes durante el largo viaje que va desde aquel espeso magma de donde surgió hasta la cíber civilización de los androides, todavía en ciencia ficción, a la que parece dirigirse. Pero puede suceder que en una de estas travesías de viejos cacharros mentales conducidas por chalados (los hubo y muchos) entre perturbadoras tormentas solares, se vuelva al espeso jugo primigenio para que el primate lance otra vez el hueso al aire y de nuevo volvamos a buscar, desde la oscuridad de los tiempos a Hal desesperadamente en aquella sinfonía de Kubrick.

Ahora sabemos que la guerra que vendrá no es la primera. Ya lo escribió un espermatozoide privilegiado que viajó en la nave de un tal Bertold Brecht, que aunque el individuo se las traía sí dejo algunos momentos literarios irrepetibles.