Las mañanas en el patio / Athena Farrokhzad, Carta a Europa / Tomás Hernández

No es fácil que en el retiro y la edad en que uno vive, te lleguen noticias de una poeta tan alejada, original y sorprendente como Athena Farrokhzad. Fue Olalla Castro quien le recomendó a Almudena uno de los libros de esta poeta sueca de origen iraní, “Blanco de blanco” (“Vitsvit”). Después de leerlo busqué más obra de ella y encontré este hermosísimo, largo e intenso poema, “Carta a Europa”.

En 1956 el poeta”beat” americano Allen Ginsberg publicó su poema “Aullido” (Howl), más conocido como “América”. En 2018, Athena Farrokhzad es la poeta invitada al “ArtAct” de Eslovenia y allí lee su poema inspirado en Ginsberg, “Carta a Europa”.

“Carta a Europa” es una pregunta: “Europa, ¿por qué tus bibliotecas están llenas de lágrimas?” y es un grito, una protesta y una rebelión. En el poema está el origen del mal: “Europa, no es posible separar la misión civilizadora del cristianismo, el cristianismo del feudalismo, el feudalismo de la industrialización, la industrialización del capitalismo, el capitalismo de la barbarie”. O esta reflexión sobre males más recientes: “Europa, yo me niego a participar en charlas sobre el terrorismo que no comiencen en la guerra del petróleo”.

Se denuncia en esta carta el racismo:

“Europa, cada día la gente blanca nos escupe en el metro.

Ellos creen seriamente que los asientos son su derecho de nacimiento.

Europa, parece que no te has recuperado de la peste negra”.

Frente a la realidad que somos:

“Europa, son los musulmanes.

Son los musulmanes y los judíos y los gitanos y los africanos.

Y aquellos que parecen ser musulmanes y africanos, pero no.

Y los que eran judíos, pero hicieron todo para ocultarlo”.

Se evidencian las contradicciones:

“Amas a Aristóteles, pero odias a los griegos.

Te encanta contar, pero odias a los árabes.

Amas los poemas de Sigbjørns, pero odias a los Samer.

Te encanta decorar el balcón, pero odias a tus vecinos.

Amas los compromisos, pero odias el sexo.

Europa, ¿qué vendrá después de ti?

No es de extrañar que Ötzi tuviera úlceras estomacales”.

Ötzi, el famoso hombre del hielo, objeto de estudios desde su descubrimiento.

Se reclaman derechos con rabia:

“Europa, yo he marchado por el derecho al aborto en Barcelona.

Yo he soñado con mi cuerpo atropellado por los carros policiales.

Yo he visto las sillas vacías en la plaza de Cracovia.

Pero en lugar de visitar los campos de exterminio, yo quiero leer a Victor Klemperer”.

El filólogo alemán Victor Klemperer dejó unas extraordinarias memorias de su persecución, era judío, bajo el nazismo. Se salvó por su matrimonio con una pianista alemana. Klemperer leía para ella “Guerra y paz” mientras Eva planchaba.

Escribe Athena Farrokhzad sobre la realidad más cercana al poema, como el cambio climático: “Pronto no tendrás (Europa) ni clima llevadero ni bienestar”. Habla de las paradojas del racismo, “los jugadores de fútbol pueden ser franceses que son africanos que son franceses”. O “Yo tenía nueve años cuando tenía compañeros de clase bosnios. Yo no podía imaginar que fueran refugiados como nosotros, aunque fueran europeos”. Ironiza esta “Carta a Europa” sobre las monarquías europeas: “¿Cuánto tiempo fingiréis que Robespierre nunca existió?” O sobre la prensa, “Hubo más prensa libre durante la época vikinga que en vuestras democracias”.

Pero en este aullido de rebelión, que diría Ginsberg, no hay resentimiento; Athena sabe que ella también es Europa.

“Yo entiendo por qué el romanticismo siguió a la Ilustración,

Yo entiendo por qué María Antonieta estaba cansada de pan.

Yo entiendo por qué Miguel Ángel aceptó el trabajo en la Sixtina.

Yo siempre mezclo Versalles con Vichy y Weimar con Waterloo.

Yo entiendo por qué estaba lloviendo en el corazón de Verlaine”.

Y su lucha contra la desesperanza, “tú deberías haberme visto triunfar contra molinos de viento”.

Y hay humor. A veces sutil, “no es de extrañar que Ötzi tuviera úlceras estomacales”; otras, no tanto, “yo voy a plantar armas de destrucción masiva en Downing Street, 10”. Hay un pasaje en el poema, donde el humor y el aborrecimiento del colonialismo se desarrollan en una especie de distopía colonialista.

“Europa, un día se celebra la conferencia en Lagos y África redibuja sus fronteras.

Nigeria obtiene el Báltico, excepto Lituania que va a Angola.

Argelia quiere Polonia, menos Varsovia.

Camerún toma todo entre Normandía y Gibraltar.

La República Democrática del Congo y la República del Congo hacen el resto.

Las lenguas oficiales en Europa son el lingala, kikongo y swahili.

Nadie quiere a los países nórdicos, todos los bosques se han quemado.

Los habitantes son capturados como esclavos y vendidos en el puerto de Gotemburgo.

Aunque el viaje es corto, muchos mueren en el mar.

Los que sobreviven se extienden por todo el continente, sobre todo en Sudán del Sur y Eritrea.

Pronto, mueren la mitad por enfermedades infecciosas,

Pero los niños pueden trabajar y veinticinco generaciones nórdicas crecen en la esclavitud.

Nadie quiere a Inglaterra, pero Botswana se sacrifica.

Después de votar, a Somalia le toca Escocia y Gales.

La única nación europea libre es la Irlanda unida”

Y que se cumpla el deseo de Athena: “Yo espero que Amy Winehouse resucite y cante en mi funeral”.

Tomás Hernández

 

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