Mientras escribía sobre los poemas de estas semanas, en cada amanecer, en cada mediodía al sentarnos a la mesa, oía el número de asesinados en Gaza cuando iban a mendigar comida. Esas cifras cantadas cada mañana, como un azar maldito, eran un aldabonazo. Por eso, al poema de Ziad Kaddash, “Chocolate y pescadores”, no le añadí comentario alguno. Su voz sola. ¿Qué más se podía decir? Jenaro Talens, al que recurrí, me envió otros textos y otros poetas. Dejo aquí también estos fragmentos, sus voces solas, como homenaje a las víctimas y gratitud a los amigos y las amigas que nos han acompañado este verano.
Haitham Jaber
Gaza sobre el fuego
Aquí, en Gaza, pasa la huella de una sonrisa
en el rostro de un niño
que entregó su alegría a una estrella viajera
rumbo a las cumbres.
Aquí, una bala o una esquirla
lanzó su sombra pesada
sobre el rostro de una mariposa que durmió para siempre,
dejando atrás un ejército de la nada,
huyendo tras un muro de odio y terror
para no ser alcanzado por nuestros pasos.
(…)
Pintan los sueños con la sangre de las amapolas,
extienden la herida como alfombra
para que los invitados puedan descansar.
Haitham Jaber (1974) pasó treinta años en las cárceles israelíes.
Firas Haj Mohammad
¿Cuándo se manifestará Dios, oh Gabriel?
Nada nos concierne, ni siquiera el vacío.
¿Dónde están los dioses civilizados?
¿Dónde los profetas?
¿Dónde los revolucionarios?
¿Dónde los existencialistas, los ateos, los creyentes?
¿Dónde los poetas, los novelistas?
¿Dónde los políticos, los ricos?
¿Dónde los trabajadores?
¿Dónde la copa?
¿Dónde el hacha?
¿Dónde la impureza?
¿Dónde la pureza?
Solo hay dos envidiosos: una bailarina y una botella de vino,
y tú, esperando al ángel de la muerte…
Al-Mutawakkil Taha
Mi amigo el poeta de Gaza
Mi amigo el poeta lo dejaron
bajo los escombros para que los cuide,
o partió hacia fronteras inciertas,
que no conocen el significado de Dios Altísimo.
Veo que el poeta no abandonó Gaza,
permaneció crucificado en la espina acogedora,
vislumbrando en el fuego de las palabras lobos aullando,
o el corazón de Qatada que abraza a sus nueve hijos,
y a un padre que vomita su ira contenida, el corazón se agolpa,
y se marchita…
Y el espejo de mi amigo poeta, cubierto de sangre y fragmentos,
el cristal es ceniza, ocaso y paganismo,
y lecho roto…
Fatma Nazzal
Palestina
Mi país es crucificado en los cuatro puntos cardinales,
exhibido en los escenarios de la vergüenza, mientras el mundo aplaude al verdugo.
Borran nuestras huellas y nos esparcen como cenizas,
pero somos granos de polen: donde el viento nos lleve, florecemos.
En nosotros hay nombres y vidas grabadas en las rocas del país,
y madres que dan a luz desde el vientre del asedio,
mientras tejen la luz con los escombros de las casas.
Lo que ocurre no es una guerra, sino un asesinato meticuloso de la vida,
una lenta eliminación de una memoria que habita el cielo y conoce el camino hacia los olivos.
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