No son los protocolos, Juanma / Tomás Hernández

No son los protocolos, Juanma

Al presidente de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, no le gustan los protocolos. Quizás por eso, una de sus primeras decisiones de investidura fue simplificar su nombre con un apelativo de sencillez y cercanía, Juanma presidente.

Y no le iba mal. Siempre sonriente, siempre moderado -¡Ay Feijóo!- pensaba, dicen, adelantar las elecciones autonómicas al mes de marzo con la confianza en las encuestas, que le auguraban una mayoría holgada. Ayuso en sus demencias y Feijóo en sus incertidumbres menguaban, mientras Moreno Bonilla iba creciendo. Pero olvidó los daños colaterales de sus políticas. Y ahora no son las generalizaciones abstractas que veníamos oyendo, educación, sanidad, etc. Ahora son dos mil mujeres, dos mil rostros con nombre, los que te exigen responsabilidades y te miran a los ojos en las manifestaciones de las ciudades andaluzas. Fulminar a la Consejera de Sanidad no exime de nada. Ya lo hizo Mazón con la responsable de seguridad y ahí sigue él, manchado de culpa.

El relato. Ante estas catástrofes surge lo que llaman ahora el relato. Siempre que una palabra cambia de significado con una intención perversa, recuerdo a mi admirado Viktor Klemperer, algún día habrá que dedicarle unas palabras y el porqué de mi admiración. En un librito breve LTI (Lingua tertii imperii), anota cómo algunas palabras esenciales para la democracia iban cambiando de significado con la llegada del nazismo. Relato, del latín refero, es “volver a traer”, “repetir” “recuperar”, con la palabra, un suceso. Relato es ahora manipulación de la verdad. Así que hay tantos relatos como relatores y la verdad se convierte en confusión interesada. El relato que el presidente Moreno Bonilla ideó, o le idearon, para justificar la tragedia sanitaria andaluza, fue cambiando según soplaba el viento. No se informó a las mujeres por delicadeza, dijo, para no crearles desasosiego, angustia; mejor que se fueran muriendo sin saberlo. Después argumentó que era un suceso relacionado con un solo centro sanitario, o se justificó en que se siguieron los protocolos de la exconsejera socialista María Jesús  Montero. ¡Hace trece años! Es la maniática estrategia del PP. Cuando las residencias de Madrid, señalaron a Pablo Iglesias, entonces en el gobierno; cuando la dana de Valencia inculparon a una ministra, que pasaba por allí, o a una siglas AEMT, CHJ. En los devastadores incendios del verano, al malvado Pedro Sánchez. Nunca una súplica de perdón al menos.

Así que que para no añadir un relato más al mar de los relatos, veamos unos hechos. Tomo estos datos del INE, Junta de Andalucía, los sindicatos CCOO, UGT, CSIF y otras asociaciones. Cuando se les pregunta a las diecisiete Comunidades qué opinión les merece la sanidad que reciben (2024), somos los que peor opinión tienen de ella. En el presupuesto de inversión por habitante se avanzó; pasamos del último puesto a la media nacional. ¿Si avanzamos en inversión por persona, por qué caen los servicios? Posiblemente se incluya en ese apartado las trasferencias y externalizaciones a la sanidad privada, tan en auge ahora. En los últimos cinco años los seguros privados en sanidad se han incrementado en un 35% en Andalucía y junto con la Comunidad de Madrid somos la segunda autonomía que más dinero dedica para conciertos con la sanidad privada (2023). Somos los últimos en la ratio de profesionales de la medicina por cada mil habitantes. Pero ocupamos los primeros puestos en demora para una cita médica en atención primaria. Y campeones, con Extremadura, del tiempo medio de espera en general, 176 días; o sea, seis meses, medio año. Encabezamos las estadísticas de enfermedades crónicas: EPOC, diabetes, artrosis, cáncer, insuficiencias cardíacas y alguna otra que no cito por no deprimirme ni deprimir a nadie. O los andaluces, mujeres y hombres, tenemos la peor salud de España o la peor sanidad.

Y para terminar este mar de lágrimas, un dato no menos relevante. En agosto de 2025 Moreno Bonilla firmó la transferencia de 533 millones de euros a la sanidad privada para que ayudaran a aliviar las listas de espera. El proyecto venía del año 2023, pero se demoró por algunas denuncias interpuestas. ¿Por qué no invertir ese dineral en más profesionales y medios en la sanidad pública? Los sindicatos, todos, llamaron a este acuerdo “una apuesta sin pudor por la sanidad privada”.

Y cuando iba a firmar estas palabras, leo que Moreno Bonilla afirma, rotundo, en el Parlamento andaluz que “derivaciones a la sanidad privada, cero euros”. El periodista Ignacio Escolar, director del diario.es, tarda cinco minutos en corregir el olvido o el embuste: “Su gobierno tiene desde 2021 un contrato en vigor con una clínica de Granada por 5,4 millones de euros para hacer mamografías por falta de medios propios para cumplir con los tiempos de respuesta en el cribado”. La cursiva es de la Junta de Andalucía. Y el contrato se firmó en 2021. Hace cuatro años ya faltaban medios para atender y comunicar el resultado de las mamografías.

No son los protocolos, Juanma; son los presupuestos los que matan.

Un abrazo a todas las mujeres damnificadas y a sus familias.

Tomás Hernández

 

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