Pasen y voten / Tomás Hernández

Pasen y voten

Feijóo reclama elecciones, Felipe González también. Feijóo tiene tantas ganas de elecciones que le va a dar la vuelta a España convocando a las urnas autonómicas con el único fin de llegar a la Moncloa, como Sánchez por no cambiar de casa, que las mudanzas son engorrosas. Pedro Sánchez comete el error de desdeñar las derrotas. Dos estrategias, el ansia de elecciones y menospreciar los fracasos, erróneas las dos, con un mismo fin, la Moncloa. La brutal embestida contra Sánchez y su entorno es mediática, política y judicial. En los tribunales, la descarada sentencia al Fiscal General del Estado, desde el trato de algunos jueces a según qué testigos, hasta la multa al ex-fiscal. Una humillación añadida. En lo mediático, se ha creado “la bestia Sánchez”. Felón, prostibulario, chorizo, recaudador sin escrúpulos, hijo de puta. Criminal lo ha llamado Feijóo en el Congreso en un alarde de moderación. En lo político, Sánchez hace equilibrios en la cuerda floja de un gobierno de coalición cada vez más desmembrado y hostil.

Así están las cosas. Las izquierdas, hay tantas como líderes surgen, en una guerra tribal, como Indíbil y Mandonio me recordaba un amigo estos días. Sus votantes, decepcionados y deprimidos, dudan entre la bandera blanca de la rendición o la retirada a los “cuarteles de invierno”, como escribe Isaac Rosa, hasta que pase la tormenta. Sucede que las tormentas sabemos cómo empiezan, pero nunca cuándo y cómo acaban. El artículo de Isaac Rosa (eldiario.es) dice que más difícil que unir a las izquierdas es sacarlas de ese abatimiento que las aleja de las urnas. ¿Para qué votar si la batalla está perdida?

Siempre me ha gustado leer sobre la estrategia militar de las grandes batallas, porque es un estado de tensión humana al límite y, a veces, desigualdades aplastantes entre dos ejércitos se resuelven a favor de los previamente vencidos. Leía estos días, no sé a propósito de qué, sobre Alejandro Magno en Gaugamela (331 a. d. C). Los persas lo superaban en número y tenían unas máquinas poderosísimas, los carros de combate. Alejandro alineó sus tropas frente a los carros que atacaban al galope. Las legiones griegas se abrieron dejándolos pasar, luego los envolvieron y los aniquilaron.

Siglos después (1415) en los alrededores de Agincourt, Francia, el diezmado ejército inglés de Enrique V fatigado por las marchas de huida hacia Calais, enfermo de disentería, de piojos y de hambre, derrotó a lo más escogidos de la tropas francesas que le cortaban el paso. Un poderoso ejército de veinte cinco mil soldados y su temible caballería acorazada frente a menos de diez mil ingleses abatidos. Unas estacas puntiagudas, clavadas en la tierra y unos potentes arcos de dos metros, que lanzaban flechas y atraviesan las armaduras de los jinetes y las protecciones de los caballos, fueron suficientes para la victoria inglesa. Shakespeare hizo eterna esta batalla en su Enrique V.

Feijóo cabalga triunfante hacia una Moncloa al alcance de la mano. Victoria tras victoria. Pero no es oro todo lo que reluce. En el PP lo saben, Ayuso lo sabe, Juanma Moreno también. El único que parece no enterarse es el presidente popular, el promotor de la cabalgada electoral. Feijóo admite ya que no cabalga solo, que no tiene fuerzas suficientes para derribar las puertas del palacete de la Moncloa.

El aspirante Feijóo apareció exultante y ofendedor en el Congreso la otra mañana. Amenazó a Pedro Sánchez y a su gobierno con el banquillo por los “crímenes” (sic) de la catástrofe de Adamuz. ¿Qué pena pedirá el popular para el distraído Mazón el día de la dana? Su discurso en el Congreso, alegato de criminalidad más bien, fue faltón, altivo y embustero. Hay que hacer de las muertes de Adamuz la dana de Pedro Sánchez. ¡Todo vale!

“Más difícil que unir a la izquierda”, escribía Isaac Rosa, es sacar a sus votantes del abatimiento, la decepción, la huida. Como en toda estrategia memorable, la victoria puede estar en un detalle mínimo, una hoja de papel con unos nombres. Esa papeleta en las urnas es una herida en el corazón de la barbarie.

Háganle caso a Feijóo por una vez: Pasen y voten.

Tomás Hernández

 

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