Resaca electoral / Tomás Hernández

La sensación de que por unos segundos eres dueño de tu destino y que el trozo de papel metido en un sobre es un acto de soberanía efímera, el tránsito de la papeleta de tu mano a la urna. Sic transit. No sé si esa sensación de poder, de dominio, es real o no, pero sí sabemos que deja su resaca, como toda embriaguez. Una resaca que al día siguiente va de la dicha a la decepción. Cuanto mayores sean las distancias entre los que ganan y los que pierden, más intensos son esos estados de ánimo. Toda elección tiene un propósito, la mayoría absoluta. Un sueño cada vez más inalcanzable. Parece que la globalización comercial se manifestara en la paradoja de un fragmentarismo político.

El domingo pasado tuvimos, celebramos -¿por qué no?- elecciones autonómicas en Andalucía. El PP ganó holgadamente, pero no cumplió su sueño. El partido de Feijóo es como una moneda de dos caras antagónicas; por una, el orgullo y la recompensa de la victoria, por otra, el llanto oculto de los sueños rotos. En las cuatro últimas elecciones autonómicas ha ganado el PP, pero no puede gobernar con las manos libres. Tampoco en Andalucía, donde el paraíso de liberalismo y libertad prometido por Juanma, presidente en funciones, se ha oscurecido con la sombra escandalosa de VOX. Moreno Bonilla no gobernará sin la molestia de ese racismo bajo el emblema de “prioridad nacional”, como piedra en el zapato (scrupulum). El odio, como el petróleo, va al alza.

No sabemos cómo será ese gobierno de derechas muy de derechas PP-VOX. Y no somos intérpretes ni videntes del futuro. Y menos en estos tiempos de incertidumbre y aires de guerra donde gobiernan unos locos y los demás bailamos su locura.

Pero volvamos a la resaca, al síndrome de Elpénor, como también se la llama. El Diario.es analiza el porcentaje de votos según unos parámetros cuyos diagramas, claros y explícitos, son unas cajas de sorpresa y estupor. El primer parámetro considera el porcentaje de votos según la procedencia rural o urbana del votante. El mundo agrícola, no las grandes empresas agroalimentarias ni los terratenientes, el pequeño propietario y el trabajador del campo eran feudo socialista desde Despeñaperros a la punta de Gibraltar. Pues en estas elecciones andaluzas de 2026, sólo en poblaciones de menos de cinco mil habitantes el PP y PSOE casi igualan. A mayor número de habitantes el diagrama se tiñe de azul. La mayoría rural y las grandes ciudades han votado al PP. Y así en todos los puntos de vista considerados. Para no hacernos prolijos voy a destacar aquellos resultados más sorprendentes.

Por ejemplo, es lógico pensar que a mayor tasa de paro, mayor propensión al voto de izquierdas, SMI (Salario Mínimo Interprofesional), ERTEs, etc. Pues no. En zonas con más del 12% de población en paro el PP gana en votos al PSOE con una proporción de 37’4% a 23’01%. Y si miramos cómo han votado los y las pensionistas y consideramos el bulo de la derecha de que las pensiones actuales son insostenibles y los viejos unos privilegiados en relación con los jóvenes, en poblaciones con el 24% de pensionistas, también gana la derecha.

Y por último, el voto por edad, por eso de que la juventud se está haciendo de derechas. Parece que en Andalucía, al menos, está siendo así. Desde los muy jóvenes hasta los de mayor edad, el voto azul ha duplicado al rojo socialista.

Eso hemos votado. Así hemos votado. Aquí, Almuñécar-La Herradura, VOX es la segunda fuerza política, casi igualada con el PSOE. En Sevilla, los entusiastas del candidato Manuel Gavira (VOX) le cantan a Moreno Bonilla al ritmo de la copla “¿Donde estás las llaves?”, le preguntan, ¿Dónde estás las mayorías”? ¿Dónde estás las mayorías”? Y también amenazan, “Prioridad nacional”, entre risas de mofa y bailes.

Tomás Hernández

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