En una sala silenciosa del hospital, un técnico de laboratorio observa a través del microscopio. En la pantalla, lo que parece una colonia de células inofensivas muestra su verdadera identidad: Candida auris, un hongo microscópico capaz de resistir casi todos los tratamientos disponibles y de sobrevivir donde otros no lo logran. En los últimos años, su avance ha encendido alarmas en hospitales de todo el planeta.

En 2009, una paciente japonesa acudió al médico por una infección en el oído. De esa muestra nacería el primer registro de Candida auris. Nadie imaginaba que aquel hallazgo marcaría el inicio de una amenaza global. En cuestión de años, el hongo fue apareciendo en hospitales de Corea, Sudáfrica, India, Venezuela, España y Estados Unidos, como si brotara al mismo tiempo en diferentes rincones del planeta. “Eso es lo que más nos desconcertó”, cuenta el microbiólogo español Dr. Luis Martínez, del Hospital Universitario Gregorio Marañón. “No hubo un único origen. C. auris parece haber evolucionado de forma paralela en varios continentes”.
El secreto de su éxito no está solo en su resistencia a los antifúngicos, sino en su capacidad de supervivencia ambiental. C. auris puede permanecer días, incluso semanas, en superficies como barandillas, cortinas o equipos médicos. Durante la pandemia de COVID-19, cuando los hospitales se vieron desbordados, esa persistencia encontró su oportunidad. En varios centros de Estados Unidos y España, se detectaron brotes en unidades de cuidados intensivos. “Los pacientes más críticos son los más vulnerables”, advierte Martínez. “Catéteres, sondas, respiradores… todo puede convertirse en una vía de entrada”.
Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), los casos de Candida auris se duplicaron entre 2020 y 2021. En España, un reportaje de El País reveló cómo el hongo logró colonizar un hospital a pesar de los protocolos de aislamiento. En algunos lugares, los brotes han sido tan persistentes que C. auris ya se considera endémico: vive en el entorno hospitalario, esperando su oportunidad para infectar.
Las cifras son alarmantes: más del 90% de las cepas conocidas son resistentes a al menos un antifúngico, y cerca del 30% resisten a dos o más. En los casos más graves, los médicos deben recurrir a combinaciones de fármacos o terapias experimentales. “Nos enfrentamos a un patógeno con muy pocas opciones terapéuticas”, reconoce la infectóloga Dra. Elena Torres, del Hospital Clínic de Barcelona. “Hay cepas que no responden a nada. Lo único que podemos hacer es aislar al paciente y contener el brote”.
Identificar al hongo no es sencillo. En laboratorios con equipos básicos, C. auris puede confundirse con otras especies de Candida. Esa dificultad contribuye al subregistro: muchos casos pasan inadvertidos. “La primera vez que lo vimos, no sabíamos lo que era”, relata un microbiólogo del Hospital Universitario de Caracas, que prefiere no dar su nombre. “Solo después de enviarlo a un laboratorio de referencia supimos que era Candida auris. Ya se había extendido por toda la unidad”.
¿Por qué surge ahora? Algunos científicos apuntan a factores ambientales. El aumento global de la temperatura y el uso intensivo de antifúngicos en agricultura podrían estar favoreciendo la adaptación de este hongo a los humanos.“Estamos viendo una especie que ha aprendido a resistir el calor y los químicos”, explica la investigadora Dra. Rosa Jiménez, del CSIC. “Eso no es casualidad: es evolución acelerada”.
Los expertos coinciden en que el objetivo no es erradicar el hongo, sino controlarlo. Los hospitales de vanguardia ya aplican protocolos estrictos: limpieza con desinfectantes específicos, cribado de pacientes de riesgo y aislamiento inmediato ante un caso positivo.Pero en regiones con menos recursos, la amenaza es mayor. Sin personal suficiente ni tecnología diagnóstica avanzada, los brotes pueden pasar desapercibidos. “Candida auris no mata a miles de personas de golpe como un virus pandémico”, reflexiona la Dra. Torres. “Pero debilita sistemas de salud, prolonga hospitalizaciones y agota recursos. Es una amenaza silenciosa, constante y global”.
Bajo el microscopio, las células ovaladas del hongo parecen inofensivas. Sin embargo, en el mundo real, su expansión representa uno de los mayores desafíos para la medicina moderna. El enemigo invisible ha aprendido a resistir. La pregunta es si nosotros aprenderemos a responder antes de que sea demasiado tarde. ¿Quieres que te prepare una versión lista para publicación (por ejemplo, con subtítulos de sección, destacados, y tono para revista de divulgación o medio digital)? Puedo adaptarla según el medio o el público que tengas en mente.








