136 cargos y más de 11.200 euros: cuando alguien empieza a gastar con tu tarjeta sin que lo sepas

136 cargos y más de 11.200 euros: cuando alguien empieza a gastar con tu tarjeta sin que lo sepas Una investigación de la Guardia Civil en Granada vuelve a poner el foco sobre un fraude cada vez más habitual: tarjetas cuyos datos terminan en manos de terceros y pequeños cargos que pueden pasar desapercibidos hasta que la factura se dispara. Puede empezar con dos euros. Después cinco. Luego una compra que no reconocemos. Y cuando el titular de la cuenta se da cuenta, alguien puede haber estado utilizando su tarjeta durante semanas.

Eso es, precisamente, lo que ha ocurrido en una investigación de la Guardia Civil que se ha saldado con la detención de un joven de 20 años, al que los agentes atribuyen presuntamente 136 operaciones fraudulentas por más de 11.200 euros. La investigación, desarrollada por el área de Investigación de la Guardia Civil de La Zubia dentro de la operación ‘Hoteja’, comenzó después de que una persona de edad avanzada revisara los movimientos de su cuenta y descubriera numerosos cargos que no había realizado. Las operaciones se habían efectuado principalmente en establecimientos de la provincia de Cádiz y en diferentes plataformas digitales. La víctima realizaba habitualmente sus compras de forma presencial en La Zubia y una persona de su entorno se encargaba de gestionar las compras por internet. El análisis de los movimientos bancarios, las comprobaciones realizadas por los investigadores y las imágenes de las cámaras de seguridad permitieron relacionar al detenido con las operaciones. Según la Guardia Civil, el mismo individuo había sido detenido días antes en Cádiz por la Policía Nacional por hechos relacionados también con el uso fraudulento de tarjetas bancarias.

El caso vuelve a poner sobre la mesa una de las formas de delincuencia que más fácilmente puede pasar inadvertida: el uso de los datos de una tarjeta sin necesidad de tenerla físicamente. El delincuente puede disponer de esos datos después de diferentes procedimientos: compras en páginas fraudulentas, mensajes que conducen a webs falsas, llamadas en las que alguien se hace pasar por una entidad bancaria o filtraciones de información. En la investigación de la Guardia Civil se apunta a que el presunto autor habría obtenido una tarjeta clonada, posiblemente a través de alguna plataforma digital o mediante tecnología contactless. Una hipótesis que forma parte de las diligencias y que vuelve a recordar que los datos bancarios se han convertido en un objetivo especialmente atractivo para los delincuentes.

El pequeño cargo que nadie comprueba

Uno de los problemas es que muchas personas no revisan de manera habitual los movimientos de su cuenta. Un cargo de tres o cuatro euros puede confundirse con una compra olvidada, una suscripción o cualquier pequeño pago realizado durante el día. El problema llega cuando detrás de ese movimiento hay otros. Por eso los especialistas en seguridad bancaria insisten en una recomendación tan sencilla como poco practicada: mirar la cuenta con frecuencia y comprobar que cada cargo corresponde realmente a una operación realizada por nosotros. También conviene desconfiar de mensajes que solicitan confirmar datos bancarios, enlaces recibidos por SMS o correos electrónicos que conducen a páginas aparentemente idénticas a las de nuestro banco. Y hay una regla que sigue siendo especialmente válida: ningún supuesto empleado bancario debería necesitar que le facilitemos nuestras claves completas o códigos de seguridad por teléfono.

Si aparece un cargo que no reconocemos

Lo primero es actuar con rapidez. Ante un movimiento sospechoso, la recomendación es ponerse en contacto con el banco a través de sus canales oficiales y bloquear la tarjeta si es necesario. También es conveniente conservar capturas de pantalla, mensajes, correos electrónicos y cualquier otro dato que pueda ayudar a reconstruir lo ocurrido. Después, presentar denuncia y aportar toda la información disponible. Porque una tarjeta bancaria puede desaparecer del bolsillo y resultar evidente que algo ha ocurrido. Pero cuando los datos son los que han desaparecido, el problema puede permanecer invisible durante días o semanas.

La investigación de la Guardia Civil deja una cifra difícil de ignorar: 136 cargos y más de 11.200 euros. Pero quizá el dato más importante no sea ese, sino la forma en que comienza este tipo de fraude. No siempre hay una gran compra que haga saltar las alarmas. A veces son pequeñas cantidades, aparentemente insignificantes, que se pierden entre decenas de movimientos. Por eso, en tiempos de compras por internet, pagos con el móvil y tarjetas almacenadas en aplicaciones, revisar periódicamente la cuenta se ha convertido en una especie de nueva rutina de seguridad. Porque el primer aviso de que alguien está utilizando nuestra tarjeta puede no ser una llamada del banco ni una denuncia policial. Puede ser, simplemente, ese pequeño cargo de dos euros que no recordamos haber hecho.

 

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