A pie de página / El espeto

 
El espeto pone olor al mediodía terral y mediterráneo, o a las noches de agosto por las lágrimas de san Lorenzo nocturnas y estelares, fugaces perseidas, allá por el doce de ese mes. También a los políticos se le espeta y hasta a la monarquía tal que estamos viendo estos días.
La sardina, plata y azul, empapa bien de su aceite el pan cubriendo la miga de pátina dorada y al paladar del estado puro de la carne empapada de mar que es grasa marina muy limpia por el fuego ritual como antorcha olímpica de Maratón.
Pocos sabores quedan con la pureza de la espetada y puede que a los chicos, las chicas y las solterías, a este último colectivo por esnobismo, les guste más los fritos a la barbacoa y las patatas con sabores de aditivos.
Nosotros al sur nos quedamos con el baile de las sardinas en su danza del fuego, pintadas por el malagueño universal Pablo Ruiz Picasso.


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