A pie de página / Un verano de Pla

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El verano entró cansado y cuando ya ha sobrepasado su ecuador se fatiga más, sin energía y escaso de otro ardor que no sea el de las altas temperaturas aumentada por el uso de la mascarilla. Sabemos que no es un verano al uso: es la transición de una traición a otra entre un tiempo y otro cuyas incógnitas plantean un futuro que provoca ansiedad que maquillamos con dosis de ansiolíticos que deja baldada la energía.

No es de extrañar que sean muchos los que han elegido el interior para sus vacaciones. Lugares sin aglomeraciones, si queda alguno, y sin necesidad de hacer colas para comer en una terraza y donde la tarde se abanica de sauces y álamos que bordean los meandros y ribera de un rio cercano que lento en su discurrir tiene gramática sonora en sordina y coro de chicharras. ¿Existe algún sitio así que no aparezca ya en una guía?

Este año se hace tremendamente cansado  la pensatez  del cemento vertical en los cinturones costeros, los intransitables paseos con festón de palmeras para nosotros autómatas alienados sudorosos y las calles con el tráfago acelerado de las motos ruidosas y que parecen ser obligado por decreto en las normativas municipales ante el escaso interés que los administradores públicos ponen en atajarlo.

En este verano parecemos todos convalecientes, dispersos, confusos como personajes en una obra de Tennessee Williams donde la señora Stone maquilla la pérdida de su belleza «en la penumbra, tamizada por la sedas, de su dormitorio» pensando que «siempre hay un tiempo para marchar aunque no haya sitio a donde ir» o para escapar del ánimo desalentador que llevamos dentro.

El ferragosto 2020 nos ha descubierto que nuestro tiempo viene herido de esa liquidez (pensamiento líquido) que no admite reposo para la reflexión; un caudal tumultuoso y espeso que se desborda en tsunami y nos arrastra mientras los brazos salvadores como troncos y ramas que flanquean el caudal  permanecen quietos mientras agosto va desesperadamente a la deriva junto con los meses por venir.

En esto, que mejor escapar hacía los días veraniegos del «Cuaderno gris» de Josep Pla. Un quince de agosto de hace un siglo escribía: «Digestión ligera a la sombra de las barcas. Ninguna molestia excesiva. La felicidad debe ser esto». Lo era, lo era.

J Celorrio