A pie de página / Agosto

 
Agosto antes de las mascarillas y Simón, venía de ferias y vírgenes allá por su ecuador. Este agosto hay que reconsiderar la cosa de la fiestuqui
Una amiga, con nostalgias varias, hace un símil de la agosticidad y el amor mirando en su equipaje pasado: «Agosto era esencialmente del amor, pues que siempre se conocía a alguien en el punto de destino y tenías ese bullebulle de descubrir las cosas, y la relación terminaba un día después de agosto, al punto exacto en que todo se iba a hacer previsible y por tanto, como suele suceder, ya no hay amor».  O sea, que las mariposas del estómago se iban a hacer puñetas de vuelta en el talgo a Madrid o en el Constellation de Iberia, pues que éramos viajeros de la década del pop.
Particularmente, este agosto me entregaré a las series tiví y a algún novelón decimonónico que eran las series de cuando tía Eugenia era emperatriz.
En julio lo he dedicado a revisitar algunas que ya había visto y entre ellas un biopic de Berlusconi y su Italia que Paolo Sorrentino retrata sin piedad y con mucha veracidad, aunque antes se advierta que “Todo es verdadero, todo es falso», todo arbitrario, todo documentado. Agosticidades varias con el potente look Sorrentino que ha captado el punto de horterismo en los políticos egokingsize que por divisa llevan  «mi siervo o mi enemigo». De esos todavía alguno queda de broma gruesa y que no se sabe bien si es que el personaje está tarado o es que ya venía así de fábrica, que las dos cosas pueden ser. En fin, una ranciedad con mortaja puesta y fiambre que huele más que la propia mierda.
J Celorrio


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