No hace tantos años, definir tanto etimológica como conceptualmente los términos que encabezan y dan título a este pequeño estudio era una labor simple y segura. Hoy en día hemos llegado a un nivel de confusión tal que pretender aclarar algo tan complicado resulta agotador y frustrante.
Por ello, pienso que es preferible fijar unos conceptos que, aunque parezcan añejos, al menos nos permitan disponer de unas bases de inicio que nos ayuden a trazar unos límites que enmarquen estos discursos dentro de la postura clásica de las relaciones entre hombres y mujeres, sin negar la existencia de la aceptada variedad de géneros.
De no hacerlo así, y dada la complejidad que este tema ha alcanzado, me siento incapaz de llegar a conclusión razonable alguna, teniendo en cuenta, además, mi pobre preparación para entender, que no negar, la situación actual, basada en una pluralidad de géneros que, incluso a los más expertos, les plantea dudas. Amén de los conflictos religiosos, sociales y políticos abiertos a propósito de la confusión presente.
No empleo ni subrayo la palabra amor por simple pudor a utilizar términos grandilocuentes que enmascaran y entorpecen la realidad que esconden.
El verbo querer, sin embargo, siendo más humilde, expresa mejor el concepto que aquí nos ocupa.
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La RAE define el verbo amar como «tener un sentimiento intenso de afecto, devoción o apego hacia una persona, animal, cosa o idea».
Mientras que la definición del verbo querer se circunscribe a «desear algo o amar y sentir cariño hacia una persona». Abarca desde la intención y la voluntad hasta el afecto.
Como vemos, las referencias a animal, cosa o idea han desaparecido.
En Andalucía, el vocablo quereres implica algo más profundo que amores. Se ha utilizado en la poesía, la copla, el teatro y en la conversación diaria.
Tipos de querer:
- Querer romántico: sentimiento que se prende en voluntades débiles y cerebros vacíos.
- Querer apasionado: aparece cuando alguien nos hace experimentar sentimientos profundos. Tiene el inconveniente de que dichos sentimientos no suelen ser muy duraderos y la reciprocidad no resulta del todo equilibrada.
- Querer temporal o pasajero: propio de personas temerosas de adquirir compromisos duraderos. No tiene consecuencias desagradables si ocurre entre personas medianamente razonables.
- Querer imprevisto o inesperado: dícese del que aparece súbitamente, sin motivo ni razón, y que, a pesar de su estruendo, suele durar lo que un cohete.
- Querer oculto e intenso: este tiene mayor enjundia. Suele darse entre personas tímidas y, sobre todo, con un alto sentido del pudor. Tiene tendencia a ser duradero porque lo oculto o secreto entre dos personas ayuda a prolongar en el tiempo aquello que las une. Cuando se rompe, deja recuerdos difíciles de olvidar.
- Querer interesado: aquel en el que una o las dos partes implicadas prescinden o disimulan sus emociones porque el objeto de la relación no es otro que obtener beneficios de cualquier tipo. Si los protagonistas son personas inteligentes y cautas, pueden establecer un vínculo duradero y provechoso.
- Por último, analizaremos lo que pudiera llamarse el querer dispar o heterogéneo. Aquí las variables son muchas. Aparte de contener algunas de las modalidades anteriores, tiene unas peculiaridades que intentaremos examinar.
La disparidad puede deberse a las causas que a continuación vamos a observar, sin intentar agotar el tema, algo que está fuera de las posibilidades e intenciones de esta base de debate. La sola enumeración de los parámetros heterogéneos nos dará una idea de la dificultad de profundizar en cada uno de ellos. Dichas disparidades pueden ser intelectuales, emocionales, culturales, sociales, económicas, profesionales, políticas, religiosas, etc.
Últimamente se debate mucho sobre otros tipos de amor. Ahora sí empleo este término porque entramos en terrenos pantanosos y lo tradicional pierde sentido. Hablamos del poliamor, la bisexualidad, el transgénero y, por supuesto, todo cuanto hemos comentado anteriormente sobre las posibles variantes atañe a la homosexualidad, que, al ser tan antigua como el ser humano, permite aplicar las distintas modalidades que hemos intentado detallar.
En esto, como en todo lo que afecta al hombre, el momento cultural marca las diferencias, algo que no me atrevo a calificar abiertamente de modas, porque esto abriría otro debate que requiere más extensión y mayor conocimiento por mi parte. Para mayor complejidad, la incidencia de la política, la religión y la ética en cuanto venimos comentando es extraordinaria.
Todo ello nos muestra la dificultad de llevar a buen término esto que hemos dado en llamar los quereres y que, si hay algo que ayude a recorrer esos senderos, no es otra cosa que el sentido del humor, junto a la relativización de las contradicciones.






