Las obras de remodelación del Paseo de La Caletilla, uno de los proyectos urbanos más emblemáticos actualmente en ejecución en Almuñécar, podrían haberse topado con un obstáculo tan antiguo como el propio enclave: la roca sobre la que se asienta buena parte de este histórico balcón al Mediterráneo. Y esa es probable la causa de la parada de la obra en la semana pasada y que fuente del gobierno municipal aseguran que se reanudará esta semana y que se cumplirá con los plazos de finalización de las obras para principios de 2027.
En los últimos días, vecinos de la zona han señalado que el ritmo de los trabajos parece haberse ralentizado e incluso interrumpido en determinados puntos. Según distintas fuentes consultadas, la aparición de una importante formación rocosa durante las excavaciones podría estar dificultando la ejecución de las obras previstas de distintas canalizaciones.
La circunstancia no deja de resultar llamativa. El Paseo de La Caletilla se encuentra literalmente apoyado sobre el mismo sistema rocoso que conecta geológicamente el entorno del Castillo de San Miguel con los Peñones del Santo. De hecho, la propia historia urbana del lugar está íntimamente ligada a esa geografía de piedra.
A comienzos del siglo XX, la conexión entre Puerta del Mar y San Cristóbal estaba condicionada por un roquedal que descendía desde las faldas del castillo hasta el mar. Posteriormente se levantaron los primeros hotelitos de veraneo de los años cuarenta, que con el paso de las décadas dieron lugar a los actuales edificios residenciales. El paseo terminó configurándose precisamente sobre esa plataforma rocosa parcialmente modificada por la acción humana.
En la foto primera urbanización del paseo ( en la foto el alcalde de entonces, Ponciano Celorrio, y el arquitecto Francisco Prieto Moreno)
Una geología nada sorprendente
Desde un punto de vista geológico, la aparición de roca compacta en esta zona difícilmente puede calificarse de inesperada. Todo el frente litoral comprendido entre el Castillo de San Miguel, La Caletilla y los Peñones del Santo está formado por materiales metamórficos muy antiguos pertenecientes a las unidades geológicas de la Sierra de Almijara. Se trata principalmente de esquistos, cuarcitas y otras rocas de gran dureza que afloran continuamente en el litoral sexitano.
La propia morfología del enclave constituye una evidencia visible: basta observar los cortados rocosos bajo el castillo o los afloramientos que aún permanecen visibles en varios puntos del paseo para entender que el subsuelo no está compuesto por simples rellenos urbanos recientes.
Precisamente esa dureza puede convertir cualquier excavación en una operación mucho más lenta y costosa de lo inicialmente previsto. Cuando una obra pasa de excavar terrenos de relleno o materiales sueltos a encontrarse con roca sana, los rendimientos de maquinaria pueden reducirse drásticamente. En ocasiones resulta necesario recurrir a martillos hidráulicos de gran potencia, rozadoras especiales o incluso técnicas de corte específicas, con el consiguiente incremento de costes y plazos.
La gran pregunta: ¿existía estudio geotécnico?
La cuestión que comienza a plantearse entre técnicos en geología y vecinos no es tanto la existencia de la roca como si ésta había sido correctamente identificada durante la fase de redacción del proyecto. En cualquier obra pública de cierta entidad resulta habitual realizar estudios geotécnicos destinados a conocer las características del subsuelo. Estos trabajos permiten determinar la resistencia del terreno, la presencia de agua, rellenos artificiales y posibles afloramientos rocosos.
La remodelación de La Caletilla, licitada inicialmente por más de dos millones de euros y adjudicada finalmente por cerca de 1,9 millones, contempla una renovación integral de pavimentos, infraestructuras subterráneas, saneamiento, pluviales y servicios urbanos, actuaciones que normalmente requieren un conocimiento detallado del terreno.
Por ello surge una pregunta inevitable: ¿incluía el proyecto sondeos suficientes para detectar esta formación rocosa? Si la respuesta es afirmativa, el hallazgo formaría parte de las contingencias normales de la obra y debería haber estado contemplado en los cálculos técnicos y económicos. Si, por el contrario, la magnitud de la roca supera lo previsto o no fue correctamente evaluada durante la fase de redacción, podría abrirse un escenario de modificaciones del proyecto, revisiones presupuestarias con la consiguiente ampliación en el plazo de ejecución.
Un proyecto concebido desde el paisaje
Resulta especialmente significativo que el proyecto fuera concebido precisamente para realzar la singularidad paisajística de este enclave situado entre el castillo y los peñones. Desde su presentación institucional se destacó la importancia histórica y geográfica del paseo como uno de los espacios más representativos de la ciudad. Sin embargo, esa misma singularidad paisajística tiene una traducción geológica evidente: bajo el pavimento existe un sustrato rocoso que lleva siglos formando parte de la identidad física del lugar. Quizá la verdadera sorpresa no sea que aparezca la roca, sino que su presencia haya alcanzado una dimensión capaz de alterar el desarrollo de los trabajos.
Transparencia para despejar dudas
Mientras el Ayuntamiento no informe oficialmente sobre las causas de la ralentización observada por algunos vecinos, todo apunta al terreno de las hipótesis. No obstante, la situación plantea una cuestión de transparencia pública razonable. Si efectivamente existe una incidencia geológica relevante, los ciudadanos tienen derecho a conocer si se trata de una circunstancia prevista en el proyecto o de un imprevisto surgido durante la ejecución. Porque en La Caletilla la piedra nunca ha sido un elemento extraño. El paseo nació precisamente sobre ella. Y quizá ahora esa misma roca esté recordando que, en determinados lugares de Almuñécar, la geología continúa teniendo la última palabra.








