Vamos al lío / Tomás Hernández

El candidato Moreno Bonilla pide a los y las votantes andaluzas que sean legión en las urnas para no obligarlo a un gobierno compartido. Evita, siempre que puede, o sea, siempre, mencionar el nombre de Vox. Esta omisión, insistente, me produce sorpresa y me sugiere una pregunta. La sorpresa es el miedo del presidente en funciones de gobernar con la extrema derecha y que sus inmaculados y eficaces gobiernos moderados dejen de traer la paz, la prosperidad y la armonía a estas tierras del Sur. Olvida el candidato que su primer gobierno ilegítimo, según la jurisprudencia política de Feijóo, lo formó con la abstención de ese partido, que ahora jamás nombra. Señalo lo de ilegítimo, porque en aquellas sus primeras elecciones andaluzas, ganó Susana Díaz, como Feijóo en las generales, pero no pudieron formar gobierno, ninguno de los dos, por falta de apoyos en el Parlamento. Corresponde a Moreno Bonilla el primer blanqueo del partido que nunca nombra, como socio fiable.

Y la humana prevención de Juanma presidente nos trae una pregunta: ¿En qué se diferencia su política de la de Vox? Su partido, PP, vota siempre lo mismo que Vox en el Congreso, desde oponerse a los ERTES de la pandemia, al salario mínimo interprofesional, hasta inclinarse cada vez más a las políticas raciales y misóginas propias del fascismo y de ese partido que Bonilla no recuerda. En los tres mandatos de M. Bonilla las universidades privadas han crecido como hongos después de dias de lluvia. En un año, 2023-2024, se crearon cuatro universidades privadas en Andalucía. La CEU Fernando III, en Bormujos, cerca de Sevilla. La UTAMED, online, en Málaga. Mare Nostrum, también en Málaga y la Universidad Europea de Andalucía, en Málaga otra vez. Moreno Bonilla también es malagueño. Sobre la necesidad o el oportunismo comercial de esas universidades que le pregunten a los rectores andaluces y sus mermas en presupuestos. Y lo ha hecho él solo, sin imposición política alguna, como Ayuso en Madrid.

Sobre la sanidad andaluza ya hablamos recientemente, pero basta con escribir en Internet “Situación actual de la Sanidad Andaluza” para echarse a temblar. La negligencia, cuando menos, de los informes médicos no enviados a las pacientes de cáncer de mama, tenga o no tenga repercusión en las urnas, fue una villanía agravada por su despótica y despectiva gestión. Ese aldabonazo mostró los pies de barro de la efigie sonriente de Moreno Bonilla y frenó su ascenso que parecía imparable. Durante sus tres mandatos no se han creado hospitales privados, pero se han dedicado 2.600 millones de euros a sanidad no pública, HLA, Vithas, Quirón, Hospitales Pascual. Ya sé que este asunto de la colaboración público privado es complejo, pero si al menos parte de esa millonada se hubiera dedicado a la sanidad de todos quizá no sufriríamos la peor asistencia pública para los enfermos crónicos o seniles, ni la tasa de mortalidad más alta de España. El presidente M. Bonilla no necesita a Vox para su políticas, son la misma. Sólo un escrúpulo tiene el presidente en funciones, un escrúpulo en el sentido primero de “piedra en el zapato”. Es el asunto de la “prioridad nacional”. “Es sólo un titular”, dice él, “un emblema, nada serio”. Es racismo, una aventura peligrosa.

Pero dejemos el aburrimiento del presidente en funciones y tribulaciones y vayamos al líder Feijóo. Que dice que por el asunto del barco y el virus, ya saben, hay que echar a Sánchez porque España es un gobierno sin cabeza y un país sin guía y hace falta un líder para estos tiempos de crisis, sobresalto y apocalipsis. Supongo que si Sánchez no sirve para líder, la alternativa será el mismo Feijóo. ¿O piensa en Ayuso? ¡Que extraordinaria gira mexicana la suya! “Madrid está llena de malinches por todas partes”, ha dicho. ¡En México! Pero quizá sea pronto para Ayuso y Feijóo, en un gesto de heroico patriotismo, esté postulándose a sí mismo como guía, faro y timón de esta desnortada España que tanto le duele y tanto, creerá él, lo está necesitando desde hace ya un interminable trienio.

Ni me interesan ni me gustan los líderes. Me inclino más por el pensamiento, la razón y la justicia que por los lideratos. La historia está llena de malos ejemplos. Pero oír a Feijóo hablar de liderazgo en la gestión de crisis lleva a uno a pensar en los antecedentes del su partido. Rajoy en la crisis bancaria. ¿Recuerdan algún ERTE, alguna ayuda a los arruinados por una banca estafadora e insaciable? “A los españoles no les va a costar un euro el rescate a la banca”, decía un Montoro con cara del dibujante Ibáñez.

Hablar de la gestión de las clínicas en la COVID de Ayuso o la dana de Mazón sería revivir un duelo que aún no ha sido reparado. Esperemos que alguna vez lo sea con dignidad y justicia.

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